viernes, 21 de agosto de 2026

José Vicente Rodríguez: Miguel de Unamuno, profeta y apóstol. Por Lázaro Sanz Velázquez

Rodríguez, José Vicente: Miguel de Unamuno, profeta y apóstol. Antología de sus textos. San Pablo, Madrid, 2014. 542 páginas. Comentario realizado por Lázaro Sanz Velázquez.

Este volumen (obra del padre José Vicente Rodríguez, carmelita descalzo) ofrece una exhaustiva antología de textos de Miguel de Unamuno que muestran su continua preocupación por el tema religioso y su permanente necesidad de Dios, a pesar de las dudas y las crisis de fe. Fruto de una concienzuda búsqueda en su obra, esta antología incluye los más variados géneros literarios (poemas, cartas, ensayos, fragmentos narrativos, textos polémicos...), todos ellos con un elemento común: la necesidad de trascendencia. 

No se trata de una antología puramente doctrinal, o poética y literaria, sino de una «antología integral» (p. 22) que tiene muy en cuenta a la persona de Unamuno, su enorme sensibilidad, su gran corazón. Se recogen en ella muchos textos que nos aproximan a él, a lo que uno de sus amigos llamaba «su enorme afectividad», su gran humanidad, en su vida de familia, en su día a día. A ello hace referencia, sobre todo, el cap. 2: «El hombre del corazón líquido». 

En el corazón de Miguel de Unamuno bulle y relampaguea su sentimiento religioso, tan consustancial a su alma. Para él lo religioso era la vida, y le resultaba irritante ver a personas y pueblos que no tenían ni el sentido ni la preocupación por este aspecto de la existencia. El tema religioso domina toda la producción literaria del filósofo y poeta; le inquietaba profundamente y lo vivía con tensión dramática, no le dejaba indiferente ni frivolizaba. Sentía la permanente necesidad de Dios, a pesar de sus dudas de fe y de sus crisis: el permanente combate del corazón y la cabeza. Hombre en búsqueda constante, un ser necesitado de trascendencia, es calificado por el P. José Vicente Rodríguez con atrevimiento, pero no sin acierto, de profeta y apóstol. Unamuno se definió a sí mismo como «predicador laico» cuando se prodigaba sembrando y prendiendo el anhelo de trascendencia en los demás. 

De esta dimensión de su fe y religiosidad y de su alma bien probada por la oscuridad de la fe y la agonía, de la lucha que mantenía consigo mismo, brotaban espontáneamente las oraciones que podemos leer en su prosa y en sus poemas. 

Esta antología está dividida en trece capítulos (precedidos de un prólogo de Juan Martin Velasco y una presentación al lector del propio autor), cuyo contenido aproximado se señala en los títulos de los mismos. Aunque en los capítulos primero y segundo se recogen no pocos datos autobiográficos, la persona de Miguel de Unamuno no queda limitada a ningún capitulo, ya que él es el protagonista y el autor de la letra y del espíritu de esta antología. Esto explica que no estén recogidos exclusivamente en estos primeros capítulos lo referente a él y a su familia. Estos datos se encuentran también en otros capítulos.

Los capítulos 7, 9 y 10, tal como se puede colegir de sus títulos, recogen textos misceláneos inconexos y mezclados, mientras que los demás se atienen lo más posible. 

La penúltima parte de la antología se nutre exclusiva y ampliamente del riquísimo epistolario unamuniano, «al que doy la mayor importancia... Por sus cartas nos enteramos deliciosamente, mejor que por otras fuentes, de quién y cómo era, y cómo reaccionaba y se comunicaba nuestro personaje» (aunque ya en el primer capítulo y en otros sucesivos se recogen no pocos textos de sus cartas). 

La antología no se limita a exponer los problemas doctrinales, los temas literarios o los logros poéticos del autor. Por debajo de toda su obra hay una persona de carne y hueso y una vida que late en todos sus escritos y de la que la antología ofrece suficientes datos, sacados de sus escritos autobiográficos y de su abundantísima correspondencia. Su lectura ayuda a completar y, en alguna medida, a transformar los retratos un tanto estereotipados de Unamuno que se han ofrecido a partir de sus siempre apasionados escritos y de la leyenda surgida de sus apariciones en la escena pública, de sus tomas de postura radicales, de sus reacciones y de las frecuentes polémicas en que se vio envuelto. 

La característica fundamental de esta antología consiste en reunir los más importantes textos unamunianos sobre el sentido religioso. La recopilación ofrecida por el padre José Vicente «se distingue por el acierto en la selección de los textos, en los que aparece el profundo arraigo de lo religioso en la persona de Unamuno y la extraordinaria riqueza de matices, no siempre fácilmente armonizables, de su religiosidad», tal como afirma Juan Martin Velasco en el prólogo. 

Una obra que interesará no solo a los estudiosos del autor, sino también al lector común que desee profundizar en la obra de uno de los más importantes escritores españoles del último siglo. A muchos lectores este libro les servirá para adentrarse y sentir la curiosidad, la necesidad o la pasión por descubrir el alma inquieta del gran escritor de la primera mitad del siglo XX español. Incomprendido durante mucho tiempo, tachado de racionalista, ateo, agnóstico, hereje, condenado por mentes que no supieron ver las luchas interiores de un hombre profundamente inquieto por vivir la fe cristiana.


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