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martes, 11 de noviembre de 2014

Luis González-Carvajal: Esta es nuestra fe - Texto

Os presento una antigua leyenda noruega que nos puede ayudar a entender el llamado "silencio" de Dios. En último término, es una llamada a no maltratar el misterio.

"El viejo Haakón cuidaba una cierta ermita. En ella se conservaba un Cristo muy venerado que recibía el significativo nombre de "Cristo de los Favores". Todos acudían a él para pedirle ayuda. Un día, también el ermitaño Haakón decidió solicitar un favor y, arrodillado ante la imagen, dijo:
-Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero reemplazarte en la cruz.
Y se quedó quieto, con los ojos puestos en la imagen, esperando una respuesta. De repente -¡oh, maravilla!- vio cómo el Crucificado comenzaba a mover los labios y le decía:
-Amigo mío, accedo a tu deseo; pero ha de ser con una condición: que, suceda lo que suceda y veas lo que veas, has de guardar siempre silencio.
-Te lo prometo, Señor.
Y se efectuó el cambio. Nadie se dio cuenta de que era Haakón quien estaba en la cruz, sostenido por los cuatro clavos, y que el Señor ocupaba el puesto del ermitaño. Los devotos seguían desfilando pidiendo favores, y Haakón, fiel a su promesa, callaba. Hasta que un día...

lunes, 4 de agosto de 2014

Luis González-Carvajal: Esta es nuestra fe. Por Javier Sánchez Villegas

González-Carvajal Santabárbara, Luis: Ésta es nuestra fe. Teología para universitarios. Sal Terrae, Santander, 1998 (1ª edición). Colección Pastoral 24.317 páginas. Comentario realizado por Javier Sánchez Villegas.

"En el origen de este libro está Mari Paz. Ella tenía en aquel tiempo alrededor de diecisiete años, y yo -que por entonces no era sacerdote ni teólogo- era su profesor de Física. Un día, al salir de clase, hablando en medio de un grupo numeroso, dijo algo tan inusitado como que San José era Dios. Inmenso error, motivado, según pude descubrir, porque creía que el "Padre" de la Santísima Trinidad era San José. Como una obra de misericordia es "enseñar al que no sabe", le expliqué que San José fue, sin duda, muy buena persona, pero no tanto como Dios.
Estoy seguro de que por aquel entonces Mari Paz no había leído a Kant (ahora no lo sé), pero desde luego su reacción dio plenamente la razón al maestro de Königsberg cuando afirmó que "del dogma de la Trinidad, tomado literalmente, no se puede sacar absolutamente nada para lo práctico". Medio minuto después, Mari Paz estaba hablando con sus compañeras del viaje de fin de estudios que proyectaban realizar a Palma.
A mí me maravilló que alguien pudiera descubrir que no es Dios aquel a quien siempre había tenido por tal sin que cambie nada en su vida, necesitando tan solo treinta segundos para tomar nota del dato correcto.
Yo estaba plenamente convencido de que las verdades de la fe pueden resultar algo "más interesantes", y aquel mismo día hice propósito de escribir un libro como éste".