Lenoir, Frédéric: Sócrates, Jesús, Buda. Tres maestros de vida. PPC, Madrid, 2013. 270 páginas. Comentario realizado por Lorenzo Sanz Velázquez.
Frédéric Lenoir, filósofo, director del suplemento «Le Monde des religions», del diario francés Le Monde, confiesa: «Desde hace más de veinticinco años, Buda, Sócrates y Jesús son mis maestros de vida... [Su] testimonio y mensaje, que me ayudan a vivir desde hace tantos años quiero compartirlo. Estoy convencido de que responden a las preguntas y a las necesidades más profundas planteadas por la crisis planetaria que estamos viviendo» (p. 10).
El libro se divide en dos partes. La primera –«¿Quiénes son?» (pp. 17-169)– propone una biografía cruzada de los tres maestros de vida. Está escrita de una manera didáctica, más como historiador que como discípulo. Al autor le parece fundamental no transmitir vidas legendarias, idealizadas, sino existencias –tanto como se pueda, dependiendo de las fuentes disponibles–. En la segunda parte –«¿Qué nos dicen?» (pp. 173-255)– propone cinco grandes capítulos temáticos que resumen los puntos clave de las enseñanzas de estos tres maestros: la creencia en la inmortalidad del alma, la búsqueda de la verdad, de la libertad, de la justicia y del amor. Es verdad que se podrían haber recogido muchos más elementos de sus enseñanzas. La razón de la selección está justificada por F. Lenoir de la siguiente manera: «Realicé una selección, arbitraria por consiguiente, pero respetuosa con sus pensamientos, lo cual me llevó a menudo a concretar las divergencias de concepto sobre un mismo tema. Porque un sincretismo fácil no es más iluminador que la negativa a asociar, por escrúpulo religioso o universitario, tres pensamientos que se hacen eco unos a otros sobre cuestiones esenciales, comenzando por su constante preocupación por dirigirse a todo ser humano dotado de corazón y razón, que pregunta por el enigma y el sentido de la existencia» (pp. 11-12).
Buda, Sócrates y Jesús son los fundadores de lo que el autor llama un «humanismo espiritual». ¿Qué puede haber que sea más necesario y actual ante la urgente refundación de una civilización que ya es planetaria? Un planeta que se debate excesivamente entre una visión puramente mercantil y materialista, por una parte, y el fanatismo y el dogmatismo, por otra. Dos tendencias contrarias en apariencia y que, sin embargo, se unen para llevar al mundo al caos manteniendo al ser humano dentro de la lógica del «tener». F. Lenoir está convencido de que solo la búsqueda del «ser» y de la responsabilidad puede salvarnos. Esto es lo que enseñan, desde hace más de dos milenios, cada uno a su manera, Sócrates, el filósofo ateniense, Jesús, el profeta judío, y Buda, el sabio indio.
Sócrates, Jesús y Buda son los tres «maestros de vida» del autor, según confesión propia (p. 10). Lejos de oponerse, no han cesado de remitir el uno al otro a lo largo de la vida. Los tres, cada uno a su manera, nos dan fuerza para vivir plenamente, con los ojos abiertos, en gozosa comunión con los demás seres humanos de culturas y religiones diversas. También nos han enseñado a aceptar nuestros límites y pobrezas, indicándonos constantemente el camino de un necesario progreso. ¡La vida es corta, pero el camino de la sabiduría es largo!
En la visión de la sabiduría de estos tres «maestros», la verdad y el bien coinciden. El conocimiento de la verdad no tiene sentido más que si nos permite actuar de manera buena. Por eso el mensaje de Buda, de Sócrates y de Jesús es, a la postre, un mensaje ético. De ahí la importancia de su propio testimonio: si han dejado huella en generaciones de hombres y mujeres y son aún creíbles para nosotros, es porque han llevado a la práctica sus enseñanzas. Ellos han testimoniado con sus actos la pertinencia de su mensaje. Y lo que importa más para ellos es la transformación de sus oyentes. Su palabra, confirmada con su vida, debe producir «fruto», recogiendo la expresión de Cristo. Ellos nos educan y nos ayudan a vivir. No nos proponen una felicidad «llave en mano», sino como un logro precedente de un verdadero trabajo realizado en nosotros mismos.
La idea de poner en paralelo a las grandes figuras de la espiritualidad no es nueva. Los exergos elegidos por el autor (p. 5) resumen su ambición: «Lo importante no es vivir, sino vivir según el bien» (Sócrates); «Hay más alegría en dar que en recibir» (Jesús); «Que todos los seres sean felices. Ya en esta vida o aun al renacer, que sean todos perfectamente felices» (Buda). El interés del enfoque reside en la inteligencia estructural de la obra, verdadera y pequeña guía para hacernos comprender mejor el surco abierto por estos tres personajes. El objetivo no es comparar su espiritualidad y su mensaje, sino explicar en qué medida su misión es educarnos, ayudarnos a discernir la verdad, a jerarquizar los valores justos, a liberarnos. Ellos nos ofrecen las claves para una práctica espiritual que va más allá de los debates filosóficos y las exégesis. Se superan así los límites de las religiones y de la filosofía, para encontrarnos con el hombre que somos en su desnudez y en su riqueza potencial.


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