Vílchez Martín, Luis Fernando: La educación (com)partida. Sentido y acentos. PPC, Madrid, 2013. 188 páginas. Comentario realizado por Jorge Burgueño López.
Desde su profunda convicción del poder transformador de la educación, el autor invita en esta obra a reflexionar sobre la importancia del aprendizaje en la búsqueda personal de sentido para la vida: «Una persona realmente está viva, en la mente y en los afectos, cuando está dispuesta a aprender» (p. 48). Este profesor universitario, psicólogo y doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, vuelca en estas páginas, dirigidas a profesionales de la enseñanza o gente implicada en este ámbito, toda su experiencia en el mundo educativo.
La obra se divide en tres partes. En la primera, reflexiona sobre el panorama educativo actual e insiste en el valor que debe adquirir la educación en la sociedad. Asimismo, se plantean nuevos retos y objetivos a los que, en opinión del autor, debería tender la enseñanza: «El objetivo global de la educación se resume en ayudar al educando a desarrollarse y crecer como persona» (p. 75).
En una segunda parte, el autor analiza a los personajes implicados en el universo educativo: alumnos («pertenecen a una generación de la inmediatez, del aquí y ahora»: p. 86); profesores («constituyen un potencial magnífico para la sociedad, con altos componentes vocacionales en la mayoría de los que ejercen en nuestro país»: p. 87); familiares («a nadie se le oculta la trascendencia que tiene el papel de los padres en la educación de sus hijos»: p. 95) y tutor («ha de ser mediador que selecciona y organiza estímulos [...] ha de ser un mentor que ilumina caminos y acompaña trayectorias»: p. 114).
Por último, en un tercer bloque se realizan varios discursos pedagógicos sobre diferentes dimensiones de la realidad educativa: educación en valores («los valores no existen en ausencia de acciones con valor, y estas no se dan si no hay personas que los encarnen»: p. 116); tecnologías («la clave está en un uso adecuado de esos medios»: p. 135); el valor de la Educación Infantil («en ella se han dado, probablemente, las más valiosas experiencias e innovaciones educativas»: p. 149); música («está ligada, debe estarlo, a la formación integral de la personalidad»: p. 160); etc.
Sin profundizar excesivamente en los temas que desarrolla, Vílchez opta por dar al lector una visión global de la educación, en la que el maestro se verá indudablemente identificado. Una obra dedicada a la reflexión desde una perspectiva cristiana que, tal y como indica Carmen Guaita en el prólogo del libro, «conviene leer con un buen lápiz a mano. ¡Hay mucho que subrayar!» (p. 8).


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