miércoles, 28 de enero de 2026

Andrea Tornielli: Carlo Maria Martini. Por María Arinero García

Tornielli, Andrea: Carlo Maria Martini. El profeta del diálogo. Sal Terrae, Santander, 2013. 244 páginas. Comentario realizado por María Arinero.

Esta biografía de Carlo Maria Martini se publicaba en Italia en 2012, el mismo año de la muerte del cardenal en Gallarate, Lombardía. A lo largo de sus 85 años podrían destacarse numerosos acontecimientos, desde su nacimiento y primeros años con su familia en Turín hasta sus últimos días aquejado de Parkinson, pasando por su ingreso en la Compañía de Jesús, su nombramiento como obispo de la archidiócesis de Milán, su elección como cardenal o su retiro en Jerusalén para retomar el estudio y la oración al final de su vida pastoral.

El vaticanista Andrea Tornielli, habitual en Il Giornale y La Stampa, recorre la vida de Martini deteniéndose en todos aquellos hechos que contribuyen a conocer a este «profeta del diálogo». No se detiene únicamente en fechas y acontecimientos (para ello incluye al final del libro una cronología sencilla pero completa), sino que, de forma cronológica, va entrelazándolos con hitos, hechos y palabras que contribuyen a forjar un perfil que habla por sí solo. Y lo hace apoyándose en sus homilías, cartas y publicaciones, así como en el testimonio de quienes lo conocieron de cerca o de quienes tuvieron con él algún encuentro en audiencias o entrevistas.

De este modo, el primer capítulo, titulado «El mea culpa de un cardenal», recoge la audiencia del 8 de septiembre de 2001, en la que periodistas y fotógrafos esperaban un comentario sobre su última carta pastoral («Por tu palabra») y, con gran expectación, su confirmación de poner en manos del papa su cargo como cardenal, puesto que en unos meses cumpliría 75 años, edad canónica que obliga a presentar tal dimisión. Él ya había expresado diez años atrás su deseo de retirarse a Jerusalén. En efecto, quienes asistieron a aquel momento escucharon su intención de asumir la decisión del papa Juan Pablo II en caso de que se reservase su dimisión y propusiera una prórroga de su cargo, pero también su deseo de retirarse a la ciudad santa para retomar el estudio bíblico y la oración. Pero no fue solo esto lo que escucharon los allí presentes. El entonces cardenal ambrosiano también incluía en su carta una confessio vitae, recorriendo su vida como pastor y exponiendo su petición de perdón ante todas aquellas cuestiones concretas en las que su actuación podría haber sido diferente, incluyendo también un posicionamiento político y social ante la situación del momento.

A partir de los capítulos siguientes, el libro sigue un orden cronológico, situando al cardenal en sus coordenadas espacio-temporales. No son necesarios muchos datos ni mucho texto para trazar el inicio de su biografía. Su infancia y su adolescencia aparecen descritas en unas diez páginas, en las que se hace referencia también a su familia, a sus juegos de infancia y actividad escolar, a su sueño adolescente de ser periodista o a la repercusión que tuvo en su entorno su deseo de ingresar en la Compañía de Jesús a los 17 años. Más adelante, se detendrá también en su afición a la escalada, su explícita sencillez como obispo al reconocer el descanso necesario de las vacaciones, su conocida afición por el estudio, su tarea académica y universitaria... y otros hechos sobradamente conocidos en su biografía a partir de su nombramiento como obispo de Milán en 1980 por parte de Juan Pablo II, que hizo que su vida cambiara notablemente. No en vano, el profesor del Pontificio Instituto Bíblico y el Rector de la Universidad Gregoriana tuvo que modificar su hábito docente por otro pastoral.

En el capítulo 8, titulado «Un papable progresista», Tornielli recoge la publicación del vaticanista Orazio Petrosillo en Il Messaggero el 8 de octubre de 1999, haciendo referencia a una intervención del cardenal en la que compartía sus tres «sueños». Se refería concretamente a una «mayor familiaridad de los hombres y mujeres de Europa con la Escritura», una «eficaz experiencia de comunión y corresponsabilidad en la Iglesia para que esta se ofrezca más fácilmente como signo de esperanza y propuesta creíble de alternativa a la disgregación social y ética», y un tercer sueño referido explícitamente a la convocatoria de un nuevo concilio: «[...] repetir de vez en cuando, a lo largo del siglo que se inicia, una experiencia de confrontación universal entre los obispos que valga para desatar alguno de aquellos nudos disciplinares y doctrinales que reaparecen periódicamente como puntos críticos en el camino de las Iglesias europeas y no europeas». Estos tres deseos bien podrían recoger aspectos sumamente característicos de su personalidad: su amor a la Palabra, su deseo de comunión y su apertura al diálogo, a la reflexión y a la renovación.

Sin embargo, el autor es un gran conocedor de la vida y obra de Martini, por lo que no se detiene en clichés ni ideas estereotipadas, sino que presenta también con mucha claridad las líneas de su pensamiento en todo lo que se refiere a la vida de la Iglesia (ecumenismo y diálogo con los no creyentes, celibato y sacerdocio...), y también a cuestiones políticas y sociales (relación entre la escuela pública y la privada, sexualidad, cuestiones bioéticas...).

Tampoco faltan abundantes elogios y reconocimientos. Valora su sencillez («un obispo en el metro»), su disponibilidad, su cercanía y preocupación por los pobres (su encuentro con la comunidad de San Egidio y su reflexión: «tiene que darse una reconciliación práctica, un modo de unir prácticamente en la vida el sentido de la primacía de Dios, de la primacía de la Palabra, de la primacía de la oración, y una urgencia práctica, eficiente, de amor a los pobres, de cercanía a las personas más abandonadas»: p. 41), su creatividad en la creación del «atrio de los no creyentes» (su mayor obra como obispo de la diócesis ambrosiana), su palabra clara y directa y su apasionamiento por la Palabra, que le llevó, durante toda su vida, al estudio, la oración, la predicación y el anuncio.

En esta biografía se cuenta también cómo dedicaba mucho tiempo a escribir y conservar sus intervenciones, que han sido recopiladas por otros y traducidas a muchas lenguas. Con todo ello puede uno hacerse una idea amplia y plural de la vida y el pensamiento de Martini. Es seguro que el lector de títulos tan conocidos como «La llamada de Jesús: orar con el evangelio de Marcos» (1991), «El itinerario del discípulo, a la luz del evangelio de Lucas» (1997), o «Los ejercicios de san Ignacio a la luz del evangelio de Mateo» (2009) se sienta ahora atraído por ahondar en quien fue capaz de vivir y reflexionar certeramente en la Iglesia y la sociedad de los últimos años con una coherencia solo cimentada en la Palabra.



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