Gallagher, Michael Paul: El Evangelio en la cultura actual. Un frescor que sorprende. Sal Terrae, Santander, 2014. 96 páginas. Comentario realizado por Lázaro Sanz Velázquez.
Esta obra de Michael Paul Gallagher, jesuita irlandés, actualmente profesor emérito de la Pontificia Universidad Gregoriana (Roma), resulta original y significativa, como fruto ejemplar de un itinerario de búsqueda regido por una tensión interior y una inteligencia viva. Nos hallamos ante una síntesis que es el resultado de un largo proceso de discernimiento.
El contenido se estructura en torno a una cuestión que rige todo el discurso: el autor desea ofrecer una visión sincera de la crisis de fe que hoy se encuentra en el centro mismo de nuestras preocupaciones. La reflexión sobre el estado de la fe en nuestro tiempo es una de las que más nos desafían y nos acosan como creyentes. Se trata de una cuestión que nos interpela personalmente, pero que posee también una implicación social y cultural, porque la fe toca al hombre en su profundidad y en sus relaciones, además de ser inseparablemente personal y social.
El punto neurálgico del diagnóstico concierne a la relación de un desplazamiento de la sensibilidad, tanto en el orden de la imaginación como en el de la disposición, efecto de una ruptura en un nivel pre-religioso que perjudica a la misma sensibilidad del anuncio. Se produce así una crisis no del credo, sino de la cultura; no de la fe en sí misma, sino de la capacidad de creer en algo más allá de uno mismo. Este fenómeno condiciona el proceso de la transmisión de la fe.
La orientación que se nos sugiere propone como camino la integración de la imaginación y de la afectividad con la racionalidad, porque sin una disposición reconstruida y posibilitada parecen faltar los instrumentos de agarre del mismo anuncio y de la fe eclesial.
El objetivo de las páginas del libro es señalar puntos de luz en lo que, a primera vista, podría parecer el escenario de una catástrofe. En particular, desea evocar la novedad permanente de Cristo como luz para el hombre de hoy y sugerir los caminos mediante los cuales se puede comunicar esta luz, ayudando a la gente a llegar sana y salva a la orilla.
El punto nuclear de estas páginas sigue siendo la posibilidad de la fe hoy y, en particular, la posibilidad de trazar caminos fecundos para la realización de dicha fe. La atención de estas páginas se centra en la necesidad de un nuevo lenguaje de la fe para nuestro tiempo, un tema con el que estamos familiarizados de muchos modos y que ha sido explorado por muchos estudiosos desde hace ya mucho tiempo:
«Mi deseo es ofrecer una síntesis de estos conocimientos aportando mis propios matices y mi perspectiva. Quiero situarme más allá de un puro análisis sociológico del nuevo contexto (datos estadísticos sobre la participación en la misa, la presencia de la religión en el campo educativo, o bien lo que dice la gente acerca de sus convicciones religiosas), orientándome hacia una lectura más cultural y, por ello mismo, más teológico-pastoral de la situación. En definitiva, como sugiere el título, más allá del indudable sufrimiento y de la confusión de estos años, nos hallamos ante el reto de imaginar una cualidad diferente del compromiso cristiano y, por consiguiente, de redescubrir a Cristo como novedad regeneradora de vida».
El libro consta de 17 breves capítulos y una conclusión, en la que afirma que «todos nuestros lenguajes de la fe están condenados a una radical inadecuación, porque lo que tratamos de expresar con palabras es un misterio. Ningún lenguaje es digno de Dios, pero algunos son más dignos que otros, porque alcanzan a nuestra imaginación y nos invitan a sintonizar con la palabra interior del Espíritu, el cual hace que nos volvamos por entero a la Palabra encarnada en Cristo nuestro Señor» (p. 90).
Comienza con el significado más antiguo y tradicional de la palabra «cultura», que implica la promoción de valores humanos. La cultura es algo de lo que no se puede huir, como un océano en el que nadamos sin darnos cuenta, como el aire que respiramos.
Paul Gallagher nos sumerge en el océano de lo cotidiano, nos hace mirar las diversas corrientes e invita a un paseo de la premodernidad a la modernidad, de la vulnerabilidad a la esperanza (caps. 4, 5 y 6). Nos ofrece, a la luz de la parábola del sembrador, una interesante perspectiva sobre el hoy de la fe (cap. 8).
En el capítulo 9, Gallagher se pregunta por los ingredientes de la formación de la fe capaces de dar cuerpo hoy a las posibilidades positivas que aparecen en el análisis que él hace de la parábola del sembrador. Propone para ello lo que él llama el triángulo de las tres «d» (p. 49) y cuyo objetivo es subrayar una convergencia entre la fe como disposición (cap. 10), la fe como decisión, cuya centralidad recalca de forma especial (cap. 11) y la fe como diferencia o drama: «el ser cristiano convencido no requiere solo una decisión, sino que incluso exige enfrentarse a los valores dominantes» (cap. 12).
Desde esta perspectiva, la plenitud de la fe cristiana rompe o amplía nuestra lógica habitual. Sacude nuestras complacencias y desestabiliza nuestras seguridades. Y entonces, evocando palabras claves del evangelio, la fe nos permite acceder a un diferente sentido de la plenitud, de la paz, de la alegría, del amor, así como a la versión que Cristo ofreció precisamente de tales sentimientos humanos.
Nos encontramos, pues, ante un preciso y profundo diagnóstico, aunque sea corto en líneas, y con unas propuestas sugerentes y desestabilizadoras de cara a la práctica de la religión y a la evangelización.


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