Augustin, George (ed.): El cambio de valores. Análisis y respuestas. Sal Terrae, Santander, 2014. 208 páginas. Comentario realizado por Lázaro Sanz Velázquez.
La Fundación Walter Kasper, bajo la dirección académica del teólogo George Augustin, ha reunido a un importante grupo de intelectuales (teólogos, filósofos, políticos, economistas, empresarios...: H. Deichmann, V. Havel, W. Kasper, T. R. Keeley, K. Koch, F. Loh, H. Lübbe, R. Marx, R. Pohl, D. Prinz, W. Schäuble y R. Spaemann), principalmente alemanes, para que ofrezcan una respuesta, a caballo entre el testimonio y la reflexión, sobre el cambio de valores en la sociedad actual.
El libro comienza con un prólogo de George Augustin y recoge las aportaciones de las distintas personalidades antes citadas, estructuradas en seis partes: En el punto de mira: valores y cambio de valores (I). Los valores en el contexto del diálogo entre las religiones (II). Los valores en el contexto de las cuestiones sociopolíticas (III). Los valores en la sociedad civil, la familia y las empresas familiares (IV). Los valores y el cambio de valores en el mundo del trabajo (V). Actuar responsablemente en el mundo de las finanzas (VI).
G. Agustin comienza el prólogo de este libro con la siguientes palabras: «¿A qué atenernos? Esta pregunta por valores que proporcionen una orientación eficaz a la hora de actuar es tanto más actual y urgente en tiempos de inseguridad y en situaciones de crisis, cuanto más fuertemente el mundo es captado como una realidad en cambio» (p. 11). La transformación en todos los ámbitos de la vida de nuestro tiempo acelera un cambio en la percepción y estimación de los valores que han determinado hasta ahora nuestro vivir y nuestro obrar. ¿Estamos experimentando actualmente una reevaluación de todos los valores?
Muchos valores fundamentales, que con frecuencia se daban por descontados, parecen haber perdido su relevancia decisiva para la sociedad. Sin embargo, esta orientación por los valores es hoy especialmente necesaria justamente allí donde hay espacios de libertad que no están regulados ni son regulables jurídicamente. Esto lleva a la necesidad de orientación y a la exigencia de interpretar de manera nueva los valores transmitidos y de hacernos nuevamente conscientes de ellos.
Ello hace que nos planteemos la siguiente pregunta: ¿existen, en este tiempo de cambio, criterios éticos y valores invariables que puedan determinar y sostener la vida de manera segura?
Aunque en los debates actuales preferimos hablar de valor, más que de verdad y de virtud, antes o después hemos de reconocer que sin verdad y sin veracidad no puede haber auténticos valores. Si ponemos la búsqueda de la verdad en el centro de nuestra existencia, podemos dar una identidad más profunda a nuestra vida personal y despertar la necesaria responsabilidad en las relaciones sociales. La vida y la convivencia de los seres humanos se logran allí donde la atención hacia los otros, el perdón y el amor se convierten en una verdad experimentable.
La sociedad no puede vivir ni sobrevivir a largo plazo, mantenerse y conservarse, crecer hacia dentro y trabajar hacia fuera sin convicciones éticas y valores morales comunes. Estos solo podemos fundamentarlos si aceptamos como base la humanidad y adoptamos y valoramos esta como el auténtico bien común de todos los seres humanos. Hay que dejarlo claro: los valores reciben su significación solamente del hecho de que están fundamentados en el ser del hombre y se corresponden con él. De ahí su obligatoriedad universal.
Para fundamentar un ordenamiento razonable y vivible de la existencia en común en sociedad, necesitamos un mínimo de verdad, un reconocimiento del bien que no se puede manipular a voluntad.
Los valores que representan tales actitudes básicas obligatorias y aspiran a un consenso deben ser compatibles con la razón humana, de modo que puedan ser universalmente vinculantes. Para la fundamentación y estimación de los valores, la imagen del hombre es de una importancia fundamental. Una imagen del hombre puede mostrar una pretensión de universalidad solamente si está en relación con Dios. El ser humano es un ser agradecido, por que es una creación de Dios, y de ello surge una vinculación universal, obligatoria y vinculante de los valores. Esto solo es posible cuando la verdad y la veracidad alcanzan su realización y salen a la luz en la libertad individual y la responsabilidad social. Permanecer en la verdad corresponde al orden de la creación y nos protege de interpretaciones disminuidas y deformadas de los valores, así como de su relativización.
La actual situación nos hace conscientes de que sin criterios éticos fundamentales y sin orientación por los valores la sociedad, la política, la economía y la ciencia no pueden funcionar bien, y también nos hace tomar conciencia de lo necesario e imprescindible que puede ser un actuar orientado por los valores.
Para ello necesitamos un discurso amplio, socialmente construido. Los artículos del presente libro se entienden como un estímulo para este discurso. Personalidades destacadas de la vida pública examinan profundamente sus valores y motivos para obrar en sus respectivos campos de actuación. Con ello ofrecen estímulos para la reflexión y orientaciones que abren nuevas perspectivas para responder a la pregunta de cómo se puede dar fuerza plasmadora y vitalidad a los valores, a lo justo, lo verdadero y lo bueno, en la sociedad pluralista actual.


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