lunes, 20 de julio de 2026

Víctor Codina: El Espíritu del Señor actúa desde abajo. Por Marta Medina Balguerías

Codina, Víctor: El Espíritu del Señor actúa desde abajo. Sal Terrae, Santander, 2015. 192 páginas. Comentario realizado por Marta Medina Balguerías.

Este libro parte de una intuición: «los pobres, los excluidos, los últimos son un lugar teológico privilegiado para comprender la acción del Espíritu en la historia» (p. 42). Sin embargo, no se ha realizado una pneumatología desde los pobres o, dicho de otro modo, desde abajo. En opinión del autor, la acción del Espíritu en América Latina en los últimos años es una clave que puede arrojar luz sobre esta cuestión y permitirnos leer la acción del Espíritu en toda la historia de la salvación desde esta sensibilidad. 

Víctor Codina nació en Barcelona, pero vive desde hace muchos años en Bolivia, donde enseña teología en la Universidad Católica Boliviana de Cochabamba. Asimismo, realiza numerosas actividades de animación teológica en muchos países de América Latina, realiza una labor pastoral en la formación de laicos, colabora con parroquias populares y acompaña a comunidades de base en varios lugares. En suma, Latinoamérica juega un papel determinante en su vida y praxis eclesial y también en su reflexión teológica, como se pone de relieve en la presente obra. 

El libro se compone de ocho capítulos en los que se va rastreando la conexión de la pneumatología con los pobres en la Escritura, diversas tradiciones eclesiales, el Magisterio y la historia reciente. El primer capítulo, que tiene un carácter más introductorio, narra la experiencia de la irrupción del Espíritu en América Latina tras el Concilio Vaticano II. El autor extrae de esta experiencia algunas líneas que permitan bosquejar una pneumatología en clave liberadora con la que Latinoamérica puede enriquecer a toda la Iglesia. 

En el segundo capítulo, Codina hace una relectura bíblica del Espíritu desde abajo como Espíritu de justicia, aliento de vida en situaciones de muerte y caos y como padre madre de los pobres. El tercero estudia la pneumatología y la praxis de la justicia y caridad con los pobres en la patrística, constatando que faltó en los Padres una tematización más explícita de la unidad de ambas cuestiones, pese a que había elementos de conexión implícitos. 

Los dos siguientes capítulos tratan sobre la tradición. El cuarto, sobre la tradición cristiana occidental. El autor denuncia un cierto cristomonismo que olvidó la pneumatología en muchos momentos, pero también reconoce un polo profético en la Iglesia en todos aquellos que, desde abajo, reclamaron un cristianismo más espiritual y renovado. Debido al déficit pneumatológico, Codina advierte ciertos «sucedáneos» con los que se intentaba llenar la carencia del Espíritu: la eucaristía, el papa y María. El quinto capítulo trata sobre la tradición cristiana oriental. En ella el Espíritu tiene mucha más importancia que en Occidente, pero, a juicio del autor, las consecuencias han tenido más incidencia en la liturgia que en la historia, a pesar de que algunos teólogos orientales hayan asumido la tarea de elaborar una pneumatología más aplicada a la realidad histórica. Los orientales tienen una mentalidad más holística y cósmica que, en opinión de Codina, los acerca más a la mentalidad latinoamericana. 

El capítulo sexto aborda la pneumatología en torno al Vaticano II. El balance vuelve a ser negativo, al constatar que hay poca presencia pneumatológica en el Concilio y que en ningún caso está ligada a los pobres. Codina advierte varios movimientos posteriores (el pentecostalismo, la renovación carismática y el fenómeno New Age) que han surgido como necesidad de recuperar la parte espiritual. El autor opina que el déficit de pneumatología y, sobre todo, el hecho de que esta no esté ligada a los pobres, se debe a que en los países ricos ha faltado la experiencia liberadora del Espíritu que se ha tenido en otros sitios, como América Latina. De hecho, el siguiente capítulo, el séptimo, conecta la teología de la liberación con una posible pneumatología desde abajo, señalando que esta es una aportación que puede hacer la teología latinoamericana. No obstante, solo se dan algunas ideas o pinceladas; en esta obra no se acomete el proyecto que supondría hacerla. 

El último capítulo es conclusivo y presenta una recapitulación de lo dicho en forma de veinte tesis o ideas. No se trata de un desarrollo sistemático de la pneumatología «desde abajo», sino de apuntalar ciertas ideas que pueden dar lugar a su desarrollo. Es interesante que el libro termine con una reflexión sobre la elección de Francisco como obispo de Roma. Para el autor es otro signo de que el Espíritu actúa desde abajo. 

La obra es, en general, bastante accesible. No obstante, para quien no tenga formación teológica exhaustiva algunos puntos pueden resultar algo complejos, mientras que quien sí la tenga puede echar en falta una profundización más sistemática en la propuesta del autor. Por lo tanto, es mejor entender el libro como una invitación a la elaboración de una pneumatología desde abajo, dando algunas claves para ello y justificando por qué puede hablarse de dicha pneumatología. La sensibilidad latinoamericana con que está escrito, que se pone especialmente de relieve en el primer capítulo y en el penúltimo, es también muy interesante e iluminadora para entender el libro en su conjunto.



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