Martini, Carlo Maria: Por amor, por vosotros, para siempre. La vida consagrada, hoy. Sal Terrae, Santander, 2014. 254 páginas. Comentario realizado por Mª Dolores de Miguel Poyard.
Carlo María Martini no necesita presentación: es un reconocido biblista de fama internacional. Esta obra, muy oportuna en el año dedicado a la vida consagrada, es una antología de textos dirigidos por él a los consagrados.
Dividida en cuatro partes, en la primera se recogen diez escritos donde presenta los pilares sobre los que se asienta la vida consagrada, icono de la belleza de Dios en su misterio de comunión.
En la segunda se ofrecen los textos dedicados a la misión actual de los consagrados, llamados a dar testimonio valiente ante la diversidad de religiones y culturas.
La tercera se centra en consagrados convertidos en luz de las gentes por su radicalidad evangélica; así, por ejemplo, san Ambrosio, san Agustín y san Benito.
Y, por último, la cuarta parte se plantea el futuro de las comunidades de vida consagrada, desde la seguridad de que, más allá de sus dificultades y debilidades, resplandece firme su testimonio de fidelidad, tan necesario en la sociedad actual, inestable y convulsa.
Martini, teólogo jesuita, nos regala un libro nacido de la lectura contemplativa de la Escritura y del acontecer diario de su vida, testimonio apasionado de la primacía de Dios en él. Por eso sus páginas conmueven, iluminan y transforman. La autoridad de sus palabras brota de la luz de su fe. Es maestro porque antes es testigo.
Su estilo ágil, su prosa sencilla y clara, su tono dialógico-conversacional, dirigido al tú del lector, facilitan el acceso a unos textos que, por su profundidad, exigen una lectura atenta y reposada.
Ya el título es expresivo de la delicadeza y sensibilidad de estos escritos. En ellos se siente vibrar el alma de quien es hermano y pastor desde el corazón; el alma de quien, como Francisco de Asís, canta agradecido la pasión de Dios por todo ser humano.
Por eso estas páginas están entretejidas de intuiciones que son luz y consuelo en el peregrinaje de la fe. Afirmaciones, nacidas del Espíritu, que alegran el corazón. Así, por ejemplo, son especialmente bellos los pasajes dedicados a la pobreza, «expresión esencial del amor, que da todo. Uno no es lo que tiene, sino lo que da: solo quien no tiene nada puede ser él mismo, porque, si quiere dar algo, no tiene para dar sino a sí mismo. Esta pobreza es el misterio más profundo de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo: toda persona es ella misma en el don del amor de sí a la otra» (pág. 27).
Y porque, en la lectura orante de la Palabra de Dios, el Espíritu derrama sobre nosotros la fuerza de su Amor, los consagrados –insiste Martini– debemos convertirnos en testigos valientes de la eficacia real de la lectio divina en la vida diaria; testigos, en definitiva, de la belleza y santidad de Dios. Solo así, desde la serenidad de quien descubre al Invisible dando vida a lo visible, nuestra fe moverá montañas en la gran ciudad de Nínive, a la que estamos llamados a evangelizar.
Por todo ello, muchas de sus exhortaciones no son sino meditación contemplativa de la Escritura. Por eso, a pesar de los años, guardan la novedad y frescura del Espíritu, que siempre permanece.
Los textos de este libro se escribieron pensando en los consagrados; pero, dado que la vida consagrada hunde sus raíces en la consagración bautismal, patrimonio de todo cristiano, esta obra puede acompañar a todo aquel que quiera profundizar en la belleza y gratuidad de la vocación universal a la santidad.
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