miércoles, 7 de diciembre de 2022

José María Guibert: Para peregrinar con san Francisco Javier. Por Luis López-Yarto

Guibert, José María: Para peregrinar con san Francisco Javier. Mensajero, Bilbao, 2020. 94 páginas. Comentario realizado por Luis López-Yarto.

Teólogo e ingeniero, el autor se confiesa apasionado peregrino de los lugares en los que transcurrió la vida del niño y el joven Francisco Javier, y que tanta huella dejaron en su personalidad. Se manifiesta seguidor asiduo de sus escritos, y quiere poner a disposición de sus lectores el resultado de sus intuiciones y las conclusiones a las que ha llegado tras reposada reflexión y continuo contrastar la lectura con la vida. En la página 69 del pequeño volumen revela finalmente, y del modo más claro, cuál es el motor último que le ha decidido a redactar este libro: “Javier es un ejemplo vivo de muchos elementos de la espiritualidad ignaciana”. Vivo y ejemplarizante hasta tal punto, que permite, si se usan con acierto sus palpitantes cartas, escritas mientras evangelizaba sin reposo pueblos casi desconocidos de Oriente, dar forma a lo que más que un libro de lectura es un instrumento de trabajo que ayude a la meditación. 

Porque efectivamente lo que tenemos entre las manos es un instrumento que puede permitir a todo el que desee entrar en el mundo interior del Javier maduro –en aquella engrasada máquina espiritual y apostólica puesta a punto por los Ejercicios espirituales de Ignacio– hacer un alto en el camino y tomarse luego un tiempo para reflectir sobre sí mismo sacando algún provecho. Para hacer esto posible, cada uno de los nueve capítulos en que el autor ha estructurado la obra concluye, efectivamente, con una invitación a la reflexión formulada en forma de preguntas sumamente concretas, dirigidas en forma directa al lector. Tras haber leído los urgentes textos de Javier, resulta inimaginable que no se haya producido en el ánimo del lector moción alguna. Y al traerlas a la memoria quiere el autor ayudarle cuestionándole, sin trampa ni ambigüedad, sobre sus reacciones ante lo leído. El autor parece convencido de que será muy provechoso, y excelente modo de ejercitarse espiritualmente, “todo modo de examinar la consciencia”. 

Cada capítulo es una meta espiritual conquistada, una virtud poseída o por la que Javier ha peleado largamente. Con acierto, va adjetivando el autor los peldaños del peregrinaje seguido por Javier, con su recio paso que no admite retrocesos, hacia el cristianismo de plenitud: una vida alegre, una transformación continua, un discernimiento comprometido, una espiritualidad intensa, un acompañamiento sabio, una amistad profunda, un liderazgo cordial, una oración apostólica. El retablo resultante, hecho de cualidades y características humanas y sobrenaturales, expresa una pormenorizada y matizada traducción del magis ignaciano, visibilizado en el itinerario de una vida. 

No pretende el presente volumen ser una somera introducción a la lectura de las cartas de Javier. Y, sin embargo, uno de los resultados que obtendrá, sin duda, es llevar a más de uno a ponerse en contacto con ellas de manera más pormenorizada. Quizá haya pasado por la mente de José Mª Guibert que será probable que así suceda. Y este pensamiento habrá provocado su sonrisa. Toda lectura que no suscita una reflexión y una pregunta, todo contacto con una personalidad, por muy vigorosa que sea, quedan en anécdota estéril si al contacto no sigue la reflexión, si tras el contacto no se formula una pregunta. 


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