miércoles, 11 de marzo de 2026

Henri J. M. Nouwen – Michael J. Christensen – Rebecca J. Laird: El discernimiento. Por Lázaro Sanz Velázquez

Nouwen, Henri J. M. – Christensen, Michael J. – Laird, Rebecca J.: El discernimiento. Cómo leer los signos de la vida diaria. Sal Terrae, Santander, 2014. 270 páginas. Prólogo de Robert A. Jonas. Comentario realizado por Lázaro Sanz Velázquez.

Este volumen completa la trilogía espiritual que presenta el distintivo enfoque de Henri Nouwen sobre la contemplación, la comunidad y la compasión en el mundo a través de la dirección espiritual, la formación espiritual y el discernimiento. Los tres volúmenes se prepararon a partir de materiales originales hallados en los archivos de Henri J. M. Nouwen.

El presupuesto de este libro es que Dios nos habla constantemente, como individuos y como pueblo de Dios, en modos distintos y de formas diversas: a través de sueños y visiones, de profetas y mensajeros, de las Escrituras y de la tradición, de la experiencia y de la razón, de la naturaleza y de los acontecimientos. Y ese discernimiento es la práctica espiritual que busca entender qué es lo que Dios trata de decirnos.

El discernimiento: Cómo leer los signos de la vida diaria, el tercer y último volumen de la trilogía espiritual póstuma de Nouwen, está construido sobre los volúmenes anteriores, en cuanto que traslada al lector desde las preguntas hacia los movimientos y hasta las señales. Enseña a leer los signos de la vida diaria, fundamentalmente observados en los libros, la naturaleza, las personas y los acontecimientos.

El libro sigue tanto los diarios como otros escritos de Nouwen, centrándose en lo que el autor dice acerca del discernimiento y de la vocación en nuestro tiempo. Complementado con puntos de vista bíblicos y siguiendo algunas pautas sugeridas por el año litúrgico, el libro está dividido en tres partes: 1) la naturaleza del discernimiento, incluidos el don espiritual y la práctica escriturística de distinguir entre los espíritus de la verdad y la mentira (pp. 39-77); 2) el proceso de búsqueda de la guía divina en los libros, en la naturaleza, en las personas y en los acontecimientos (pp. 81-146); y 3) modos de discernir la vocación, la presencia, la identidad y el tiempo propicio para el designio divino (pp. 149-203).

Para Nouwen, el discernimiento espiritual consiste en percibir un sonido más profundo por debajo del bullicio de la vida ordinaria y en descubrir, a través de las apariencias, la interconexión de todas las cosas, con el fin de obtener una perspectiva de cómo las cosas dependen unas de otras en nuestras vidas y en el mundo. En sentido bíblico, el discernimiento consiste en entender espiritualmente y saber a partir de la experiencia, mediante una práctica espiritual disciplinada, que Dios está activo en nuestras vidas, lo que conlleva una vida digna de nuestra vocación. Es un don y una práctica espiritual que determina y afirma la manera única de manifestar el amor y la dirección de Dios en nuestras vidas, de forma que podamos conocer la voluntad de Dios y cumplir nuestra vocación y misión.

Sin embargo, el discernimiento no es un programa que deba seguirse paso a paso. Se trata, más bien, de una disciplina regular de escucha de una débil voz, casi inaudible, que subyace al fragor cotidiano; una práctica de oración que consiste en leer las señales sutiles del día a día. Discernir no es tomar decisiones tajantes en momentos críticos de la vida, sino comprometerse de por vida a recordar a Dios, a saber quiénes somos y a prestar atención a lo que el Espíritu trata de transmitirnos hoy.

Dado que Nouwen sitúa el discernimiento en un contexto tanto personal como comunitario, Michael J. Christensen y Rebecca Laird han organizado su enfoque en tres partes, según unos temas comunes del camino de fe. Más que ofrecer una presentación sistemática del proceso, los temas presentados están condensados y adaptados a partir de los escritos de Nouwen, publicados e inéditos, seleccionados sobre todo a partir de sus diarios y de reflexiones anteriormente inéditas, pero complementados con fragmentos de obras ya publicadas.

En la primera parte, Nouwen define el don y la práctica del discernimiento como enraizados en las disciplinas centrales de la vida cristiana: la oración, la comunidad, la adoración y el ministerio. Comparte su experiencia de primera mano de lo que él llama «luchar contra el demonio», como parte de la antigua práctica bíblica del discernimiento de espíritus. Invita a sus lectores a aceptar la lucha, a confiar en el poder de Dios, a resistir al espíritu de la oscuridad y a vivir bajo la luz de Dios, que nos recuerda que somos personas amadas.

En la segunda parte describe lo que Nouwen aprendió de su mentor, Thomas Merton, y de su propia experiencia en la lectura de las señales de la presencia de Dios, encontrando una guía diaria en la Biblia y en otros libros, en la belleza de la naturaleza, en las personas con quienes nos cruzamos y en los acontecimientos actuales y críticos de nuestra vida.

En la tercera parte aborda la espiritualidad del discernimiento. Los lectores familiarizados con sus temas principales en otras obras reconocerán al clásico Nouwen en estas páginas y obtendrán nuevas percepciones sobre nuestra identidad esencial en tanto que hijos amados de Dios, que experimentan la presencia divina en el corazón humano a través del discernimiento y saben cuándo actuar, cómo esperar y cuándo dejarse guiar, de acuerdo con el tiempo de Dios, que es la finalidad del discernimiento.

El libro se completa con un prólogo de Robert A. Jonas sobre «La forma de discernir de Henri» y tres apéndices, uno del propio Nouwen y los otros dos de Michael J. Christensen y Robert A. Jonas, que ahondan en la enseñanza de Nouwen sobre el discernimiento.


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