Vanhoye, Albert: Cristo y el hombre. Escritos de espiritualidad bíblica. Mensajero, Bilbao, 2014. 198 páginas. Comentario realizado por Lázaro Sanz Velázquez.
El presente volumen nos ofrece seis textos del cardenal Vanhoye centrados en otros tantos temas nucleares de la espiritualidad bíblica, como son, entre otros, el misterio del ser humano a la luz del misterio de Cristo, el sacerdocio común, la vida desde la Eucaristía o la vocación a la santidad.
En el primer texto, Vanhoye (rector emérito del Pontificio Instituto Bíblico de Roma y especialista de máxima autoridad en las cartas de Pablo y en la Carta a los Hebreos) afirma que para profundizar en las relaciones entre antropología y cristología es particularmente indicada esta última carta, porque propone explícitamente la pregunta «¿Qué es el hombre?» (Heb 2,6) en un contexto cristológico y muestra cómo Cristo se ha hecho en todo semejante a sus hermanos los hombres, de tal forma que lleva la naturaleza humana a su perfecto cumplimiento, abriendo así a todos los seres humanos un camino de salvación definitivo. El cumplimiento de la vocación del hombre en el misterio de Cristo no consiste tanto en haber obtenido un dominio universal cuanto en haber introducido a los hombres en la comunión divina y la comunión recíproca.
En la Primera Carta a los Corintios, san Pablo se atreve a decir a los cristianos de Corinto: «Vosotros sois el cuerpo de Cristo» (1 Cor 12,27) (título del segundo texto). Esta afirmación es sorprendente y muy estimulante. ¿Cómo se puede decir a un grupo de personas que son el cuerpo de Cristo, Hijo de Dios? ¿Qué consecuencias se deben derivar de ellas? ¿Qué esperanzas? ¿Qué exigencias? Esta afirmación está en estrecha relación con el misterio pascual de Cristo, que representa la victoria completa de su amor sobre todas las fuerzas del mal y de la muerte. Puesto que somos cuerpo de Cristo, estamos imbuidos del amor que nos impulsa a contar, nosotros también, grandes victorias. A este don maravilloso del Señor debemos corresponder con gran confianza y plena generosidad.
«El sacerdocio común de los cristianos, según san Pedro (primera parte del tercer texto) y la Carta a los Hebreos (segunda parte del mismo)» es el tema de sendas conferencias que el cardenal Vanhoye pronunció en el XVI Congreso del Apostolado de la Oración en Italia, en 2010. Según san Pedro, los cristianos deben acercarse a Cristo, dejarse transformar por él, piedra viva, en otras tantas piedras vivas, entrar en la construcción de la casa espiritual, que está fundada en él, y hacer sus ofrendas a través de él. Para la Carta a los Hebreos, el sacerdocio de los cristianos es una realidad existencial: es toda la vida de un cristiano implicada en su sacerdocio. Este sacerdocio presenta dos aspectos: el de la relación íntima con Dios, gracias a la plena libertad para entrar en el santuario, y el de la ofrenda de los sacrificios, acción de gracias y vida de caridad.
«Amor en acción» y «La Eucaristía continuada en nuestra vida» son los temas de otras dos conferencias dadas por el cardenal Vanhoye en el Congreso Internacional del Movimiento Carismático, en Kkottongae (Corea del Sur), en 2009. Ambas constituyen las partes primera y segunda del cuarto texto. En la primera, el autor toma en consideración la relación entre carismas y amor. Sin la fe, el «amor en acción» no puede ser un carisma verdadero; sin el «amor en acción», la fe no puede ser verdaderamente viva. En la segunda, el autor explica que continuar la Eucaristía en la vida significa vivirla con una actitud sacrificial, gracias a la mediación de Cristo, que se hace presente en la celebración eucarística. Se nos invita, por una parte, a seguir la Eucaristía en nuestra vida viviendo en una continua acción de gracias. Por otra parte, se nos invita a que no olvidemos servir con amor a los hermanos, practicando la beneficencia y la comunión de bienes.
El quinto texto («Ministerio pastoral y santidad sacerdotal en el Nuevo Testamento») comienza con la pregunta: «¿Es santidad sacerdotal la santidad de los sacerdotes diocesanos?». Hoy algunos, pensando ser fieles a la letra del Nuevo Testamento, se niegan a hablar de ordenación «sacerdotal» y hablan exclusivamente de ordenación «presbiteral», pensando que la santidad de los sacerdotes debe ser una santidad pastoral y no una santidad sacerdotal. Esta fidelidad literal no tiene en cuenta la cristología sacerdotal, tal como es presentada en varios escritos del Nuevo Testamento y magistralmente expuesta en la Carta a los Hebreos, que, a la luz del misterio pascual, nos hace comprender cómo Cristo no es solo «el buen pastor», sino que es al mismo tiempo «sumo sacerdote», que no se contentó con apacentar sus ovejas, sino que las condujo hasta Dios.
En el último texto («La espiritualidad sacerdotal de la Eucaristía»), Vanhoye afirma que hay dos aspectos que aparecen como particularmente importantes en la institución de la Eucaristía por parte de Jesús: la actitud de apertura, en la acción de gracias, a la corriente de amor que viene de Dios; y, por otro lado, el ofrecimiento de sí mismos para una victoria del amor sobre el mal y sobre la muerte. La espiritualidad sacerdotal debe ser, ante todo, una espiritualidad de acción de gracias que nos une al Corazón del Hijo, lleno de gratitud hacia el Padre. Nos parecen interesantes estos textos por la hondura del conocimiento bíblico que dejan transparentar, por la actualidad de los temas y por la capacidad de sugerir líneas de meditación y de acción.


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