Alegre, José, abad de Poblet: Senderos hacia la Belleza. Un acercamiento a la experiencia de Dios. PPC, Madrid, 2014. 246 páginas. Comentario realizado por Marta Sánchez.
Un libro que invita a contemplar la belleza de la creación. José Alegre propone cinco rutas para aproximarnos a la presencia de Cristo en nuestro día. Cada ruta es un umbral que abre al amor de Dios. Cada una de ellas está iluminada por un pasaje del Cantar de los Cantares. La última ruta culmina descubriendo la Pascua como fiesta de la belleza.
En la primera ruta, Alegre nos invita a profundizar cómo el Amor ilumina el mundo por medio de los cinco sentidos y el ciclo de las estaciones. Una ruta para sentir a Dios es contemplar la naturaleza como obra del Creador. Es primavera. Es invitación a la vida. Es otoño, las horas oscuras favorecen la interiorización... En la segunda ruta, el abad conduce al lector a través del silencio, el atrio de la belleza. Dios es siempre discreto. Son nuestras ocupaciones y el ruido permanente lo que nos impide acceder a nuestro espacio interior para buscar la fuerza de Dios. Aconseja pasar por la oración, tal y como Jesús nos enseñó. Solo Cristo es el camino hacia el Padre. La tercera ruta es interesante, porque explica cómo abrirse a la dimensión espiritual del hombre desde las circunstancias personales. Todos los hombres hemos sido creados a imagen de Dios. Hoy somos esclavos del espacio y del tiempo. Es necesario pararse y escuchar al poeta que todos tenemos dentro. La dimensión espiritual no es exclusiva de las personas consagradas. Los hombres muchas veces prefieren tener un Dios lejano y seguir con ídolos. Solo desde el corazón, desde la escucha sosegada y la reflexión serena es posible acercarse al umbral de la cuarta ruta, la fe y la belleza de la liturgia. El abad mantiene un diálogo con las otras religiones. Hoy vivimos en medio de una esquizofrenia espiritual, todas las religiones comparten una misma preocupación por los pobres. La pregunta que tantos hombres se hacen –¿Es posible la fe hoy?– es un camino que dura toda la vida. La fe libera al hombre de sus miedos e inquietudes. La fe es vida y es don. La fe se siente al participar en la celebración litúrgica con otros. Por eso, en la quinta ruta invita Alegre a recuperar la armonía con uno mismo y con los demás en los actos litúrgicos. Es necesario cultivar espacios de interioridad para experimentar la gracia de Dios, como nos enseñó Pablo: cuando soy débil, entonces soy fuerte (2 Cor 12,10).
En síntesis, un libro para leer tranquilamente y sin prisas. Cada ruta tiene varios epígrafes que pueden ser leídos de forma independiente, pero recomiendo leerlo todo para aprender a ser creadores de paz a nuestro alrededor.


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