viernes, 22 de julio de 2022

Gianfranco Ravasi: Espiritualidad y Biblia. Por Jesús Marco

Ravasi, Gianfranco: Espiritualidad y Biblia. Sal Terrae, Santander, 2020. 311 páginas. Comentario realizado por Jesús Marco.

El Cardenal Ravasi, presidente del Pontificio Consejo para la Cultura, quiere mostrar la vida espiritual que se desprende de la Biblia, “el gran código de la cultura de Occidente” (según William Blake). El concepto “espiritualidad” es un concepto moderno y fluido. El hombre moderno busca algo espiritual, más allá de lo material y lo mundano, pues esto no acaba de saciarle; pero vemos cómo también recela de llenar esta sed de trascendencia en las iglesias oficiales y, por tanto, recela de las Escrituras. Ravasi ofrece leer la Biblia como una vida espiritual que nace a lo largo de la historia. Como él mismo nos dirá, la Biblia es un código normativo que manifiesta la auto-revelación divina en la historia. 

Ravasi es un hombre culto, conocedor de las lenguas de la Biblia, pues fue profesor de exégesis del Antiguo Testamento. Al mismo tiempo, tiene un estilo claro y sugerente, sencillo y directo, intelectual y afectivo. No podía ser de otro modo, pues la espiritualidad nos habla de las razones del corazón. Resulta fácil la lectura de este libro que, en ocasiones, logra entusiasmar al lector. No en vano, Ravasi es uno de los mejores conferenciantes italianos, que trata especialmente estos temas interdisciplinares de relación entre la cultura y la teología. En este libro quiere hacer ver a cualquier lector culto, no sólo al especialista en la exégesis bíblica, cómo es la vida espiritual que se despliega en la Biblia. 

Comienza con el Antiguo Testamento deteniéndose en los Salmos, que nos revelan el rostro de Dios, e indica una serie de términos que nos ayudan a la relación con Dios como: sed (nos recuerda que garganta y alma en hebreo son sinónimos: nephés), y alimento; otros salmos muestran la esperanza mesiánica, las súplicas del hombre sufriente y los penitenciales. 

Se detiene luego en el libro de Job, que nos lleva del sufrimiento a la fe. “¡Qué sería de mí si no tuviera a Job!” decía el filósofo existencialista S. Kierkegaard. Dirá Job como conclusión del libro “te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos”. De este modo, Job nos descubre que la respuesta al sufrimiento es una fe libre. 

Casi al acabar el libro, Ravasi se fija en Qohelet, que muestra cómo la crisis de fe esconde una epifanía de Dios (como dice también Is 65,1 poniendo en boca del Señor: “he sido encontrado por los que no me buscaban”). Hay una extraña presencia de Dios en ese hombre que vive el vacío de la existencia, que se da cuenta de lo efímero que es todo. Qohelet nos muestra cómo es la espiritualidad del no creyente. El libro del Eclesiastés es la oración de un ateo. 

Del Nuevo Testamento, Ravasi se detiene en las Bienaventuranzas y nos pregunta si son un ideal utópico, si hay que leerlas en clave moral, o si son consejos para cristianos elegidos. Pero claramente Jesús se dirige a la multitud, no sólo a sus discípulos, luego no son sólo para algunos virtuosos. Las Bienaventuranzas nos muestran cómo son dichosos los perdedores de la historia y los justos que lo dan todo. 

Muy sugerente es su estudio sobre el Espíritu Santo, un tema descuidado en general a lo largo de la historia de la teología hasta tiempos recientes, y que era considerado peligroso por las iglesias oficiales (el Espíritu ha sido siempre una ventana a la libertad). Ravasi nos enseña a leer los Dones del Espíritu en clave sapiencial (no en vano, Sabiduría, Inteligencia, Consejo y Ciencia son términos sapienciales). También nos presenta un sugerente análisis de las cinco promesas del Espíritu que se hallan en el Discurso de la Cena. El Espíritu es Consolador y Defensor, continuando la misión de Cristo en la historia; enseña y recuerda (pasa por el corazón) haciendo viva esa memoria de Jesús; da testimonio (“martyrein”); denuncia el pecado de incredulidad y reconoce la justicia de Cristo; nos guiará hacia la verdad plena. Por tres veces se le llama Espíritu de la Verdad. Pablo VI traducía estas promesas afirmando que necesitamos un perenne Pentecostés. 

Acaba con dos apéndices: uno sobre la Lectio Divina, que nos ayuda a bajar de la razón al corazón, de la escucha a la acción. Nos recuerda que la Lectio Divina se divide en Lectio (qué dice el texto en sí mismo), Meditatio (qué nos dice a nosotros), Oratio (qué le decimos nosotros a Dios) y Contemplatio (qué debemos hacer). El otro apéndice trata sobre la Espiritualidad del Enfermo, que ilumina este tiempo que estamos viviendo y nos muestra cómo la enfermedad puede ser incluso teofanía de Dios.


No hay comentarios:

Publicar un comentario