Pombo, Álvaro: Vida de San Francisco de Asís. Y un prólogo político. Ariel, Barcelona, 2015. 197 páginas. Comentario realizado por Fernando Vidal (Universidad Pontificia Comillas, @fervidal31).
Álvaro Pombo reedita su San Francisco de 1996 porque cree que en estos años el franciscanismo político impulsa las primaveras del papa Francisco en la Iglesia o de partidos políticos como Podemos en España. Pobreza, honestidad, sencillez, ecologismo, unión con la gente… son algunos de los componentes imprescindibles para la regeneración. Pero el libro es una intención religiosa derivada de su interés por las vidas de santos. Su San Francisco es mucho más que un digno esbozo de su espíritu: es un programa del cristianismo. Llega Francisco en el momento del apagón de Dios; como una llama inesperada que iluminó su siglo. Una alegría encarnada que llegó a la pobreza absoluta por exceso de entrega, que alcanzó la lejanía uniéndose fraternalmente a las cercanías, una pobreza que negaba el orgullo de la virtud, una obediencia que era sumisión insumisa, una fraternidad que hablaba locuazmente por los codos, comunicaba su alta locura bajo el aguacero y no tenía vergüenza de apasionarse, el exigente atrevimiento de vivir en carne viva la cruda realidad. Pombo se pregunta sobre la posibilidad del hombre para retornar a la inocencia primera y hacerlo por el no-poder. El San Francisco es un milagro de la condición humana y la bisagra que en los 90 hace pasar su obra de un esperanzado pesimismo a una asombrada interioridad.
Álvaro Pombo reedita su San Francisco de 1996 porque cree que en estos años el franciscanismo político impulsa las primaveras del papa Francisco en la Iglesia o de partidos políticos como Podemos en España. Pobreza, honestidad, sencillez, ecologismo, unión con la gente… son algunos de los componentes imprescindibles para la regeneración. Pero el libro es una intención religiosa derivada de su interés por las vidas de santos. Su San Francisco es mucho más que un digno esbozo de su espíritu: es un programa del cristianismo. Llega Francisco en el momento del apagón de Dios; como una llama inesperada que iluminó su siglo. Una alegría encarnada que llegó a la pobreza absoluta por exceso de entrega, que alcanzó la lejanía uniéndose fraternalmente a las cercanías, una pobreza que negaba el orgullo de la virtud, una obediencia que era sumisión insumisa, una fraternidad que hablaba locuazmente por los codos, comunicaba su alta locura bajo el aguacero y no tenía vergüenza de apasionarse, el exigente atrevimiento de vivir en carne viva la cruda realidad. Pombo se pregunta sobre la posibilidad del hombre para retornar a la inocencia primera y hacerlo por el no-poder. El San Francisco es un milagro de la condición humana y la bisagra que en los 90 hace pasar su obra de un esperanzado pesimismo a una asombrada interioridad.