lunes, 13 de abril de 2020

Josep Otón: Interioridad y espiritualidad. Por Felipe J. de Vicente Algueró

Otón, Josep: Interioridad y espiritualidad. Sal Terrae, Santander, 2018. 208 páginas. Comentario realizado por Felipe J. de Vicente Algueró (Catedrático Emérito de Historia. Correo electrónico: fdevicente@acesc.net).

El presente texto no es un comentario al uso de una obra. Es, más bien, un artículo (publicado en la revista Razón y Fe -2020, t. 281, nº 1444, pp. 183-192-) en el que Felipe J. de Vicente Algueró presenta la trayectoria intelectual del autor, Josep Otón Calatán. Ha sido este último el que nos ha sugerido la idea de publicar tal cual el artículo en Libris Liberi para, de esta forma, poder llegar probablemente a un público mayor y darle así mayor difusión.

Para mantener la estructura de comentario-libro, característica de este blog, hemos puesto como cabecera el libro que, a nuestro juicio, mejor representa el quehacer intelectual de Josep Otón: Interioridad y espiritualidad. Dos palabras que resumen de una forma muy sencilla muchos años de estudio y dedicación a una de las dimensiones humanas más apasionantes y que, por desgracia, no siempre atendemos. No obstante, si quisiéramos hacer justicia, todas sus obras merecen ocupar el papel que hemos asignado a esta. 

Desde aquí queremos expresar nuestro agradecimiento a Josep. Para nosotros, contar con él es un privilegio. Gracias. [Nota del administrador.]


Josep Otón, una trayectoria intelectual para dar razón de la esperanza cristiana


Josep Otón es un autor prolífico; una veintena de libros y numerosos artículos así lo corroboran. Su obra puede enmarcarse dentro del ámbito de los intelectuales católicos —o, mejor, de los católicos intelectuales— por su vocación a tender puentes que fomenten el diálogo entre la fe cristiana y el pensamiento contemporáneo. Especializado en el estudio de la filósofa francesa Simone Weil, ha escrito ampliamente sobre la mística, la interioridad y la espiritualidad bíblica. Como escritor polifacético también se ha dedicado a la narrativa. En conjunto, su pensamiento se inscribe dentro del método de la inmanencia propuesto por Maurice Blondel.

1. Católicos intelectuales 

La secularización de las viejas sociedades cristianas europeas o la marginación del catolicismo en las protestantes alumbró desde el siglo XIX la aparición de intelectuales católicos o, mejor, católicos intelectuales, la mayoría laicos, que ofrecieron a través de la literatura, el ensayo, la filosofía e, incluso, el arte, una visión católica en medio de un ambiente hostil o, al menos, indiferente.

Glanstone planteó su famosa contradicción entre ser católico y buen inglés al presentar el imposible dilema de la obligación de un buen católico de matar al rey si se lo ordenaba el Papa. John Henry Newman contestó con su Carta al Duque de Norfolk, defendiendo la libertad de la conciencia con un planteamiento intelectual impecable. Newman abrió uno de los movimientos intelectuales más importantes del siglo XIX inglés: el Movimiento de Oxford, algunos de cuyos integrantes se convirtieron al catolicismo inaugurando un camino de católicos intelectuales con figuras tan destacadas como Gilbert K. Chesterton, John R. R. Tolkien, Graham Greene o Evelyn Waugh, quizás el mejor novelista inglés del siglo XX. 

En la secularizada Francia, los intelectuales católicos destacaron desde la Filosofía, caso de Blondel o Maritain, quizás el intelectual católico más influyente del siglo XX, como en la Literatura como Péguy, Claudel, Mauriac (Premio Nobel), Bernanos y hasta pintores como Rouault, influido por la filosofía de su amigo Maritain y pintor extraordinario de cuadros sobre la Pasión de Cristo, o Max Jacob, amigo de Picasso y converso del judaísmo lo que no le libró de ser asesinado por los nazis. 

Josep Otón
En España o Italia, por ser países menos secularizados o con un catolicismo dominante, no se produce un fenómeno parecido al inglés o francés. Bien al contrario, la hegemonía de una cultura católica oficial impulsa una intelectualidad agnóstica, anticlerical o, en todo caso, de un catolicismo disidente (Unamuno). Quizás las únicas excepciones son las de Ramiro de Maeztu o el grupo de Cruz y Raya (Bergamín o Semprún Gurrea) en medio de la anticlerical República. 

Cataluña ofrece un panorama de intelectuales católicos más cercano al francés. La figura primigenia de la literatura catalana es un sacerdote, Jacinto Verdaguer, pero el personaje más intercambiable con los intelectuales católicos europeos es Joan Maragall. La época de la postguerra nos depara otra gran figura: Joan Sales, autor de Incerta Glòria, en mi opinión la mejor novela catalana de todos los tiempos, es lo que podríamos llamar una “novela católica”. 

El panorama actual de lo que podríamos llamar intelectuales católicos en el conjunto de España y en Cataluña en particular no es muy halagüeño, pero eso no impide destacar algunas figuras, algunas ya consagradas y otras en plena trayectoria intelectual. Juan Manuel de Prada es quizás el escritor católico más conocido en España. En el ámbito catalán, destacan figuras del prestigio de David Jou (físico) o de Francesc Torralba (filósofo), por ejemplo. 

En este ámbito hispánico cabría situar la trayectoria de Josep Otón (Barcelona, 1963), hombre joven todavía, pero con una obra intelectual ya sólida y sugerente. Otón ha escrito en castellano y catalán (incluso se le ha traducido al francés y al portugués). Y ha tocado diversos registros, desde la narrativa hasta el ensayo pasando por libros de espiritualidad. 

En total, 21 obras (sin contar innumerables artículos) marcan la trayectoria intelectual de una persona laica, bien formada, doctor en Historia, catedrático de esta materia, con buenas y bien asimiladas lecturas de Filosofía y Teología, que ha recibido premios y menciones como el Joan Maragall de ensayo (2011). Articulista, comentarista en radio y televisión, conferenciante ameno y profundo y dotado de una excepcional facilidad para transmitir a través de la palabra escrita y oral ideas y pensamientos complejos. Sobre todo, Josep Otón ha cultivado el ensayo con un hilo conductor bien definido: la presentación inteligente de la propuesta cristiana en un ambiente indiferente cuando no adverso. Pretende traducir al lenguaje cultural e intelectual de nuestro tiempo el mensaje perenne del Evangelio. En el fondo, su vocación es tender puentes que faciliten el diálogo. Por eso es un exponente de católico intelectual. Centrándonos en el ensayo, la obra de Otón puede abordarse desde tres ámbitos: obras iniciales, estudios sobre Simone Weil, obras de madurez. 

2. Obras iniciales: la recuperación de la mística 

Entre el 2000 y 2002 Josep Otón publica sus primeros ensayos intelectuales: El inconsciente, ¿morada de Dios? (2000), Vigías del abismo. Experiencia mística y pensamiento contemporáneo (2001) y Debir, el santuario interior. La experiencia mística y su formulación religiosa (2002). Los tres surgen como una necesidad de manifestar la fuerza de la experiencia interior, mística, como vía de acceso al Absoluto. Otón ha experimentado en años anteriores una fuerte vivencia espiritual, singularmente tras una visita a Asís (1992, como lo explica en el primero de los libros) que transforma su vida interior y siente la llamada a una vocación intelectual en el mundo secular, desde su estado de laico y de joven profesional que acaba de ingresar en el funcionariado. 

En las tres obras hay un objetivo común: la “recuperación de la mística”, como dice el autor en Vigías. Otón se sitúa a cierta distancia, no pretende una presentación de la mística cristiana y mucho menos de la católica. Analiza el fenómeno místico como algo que trasciende las religiones establecidas y que manifiesta una respuesta a las inquietudes más hondas del alma humana. La mística es mucho más que oración, más que uno de los tres estadios de la vida interior (Garrigou Lagrange). Incluso se manifiesta mejor en lenguaje artístico que teológico. El mismo autor nos regala varios poemas suyos al final de El inconsciente. 

Para reivindicar la mística, Otón recurre a la Psicología, a psicólogos como Viktor Frankl o C.G. Jung, a quien cita profusamente. En Vigías, el mejor de los tres libros en mi opinión, Otón muestra un conocimiento de la literatura contemporánea española y europea. Muestra las afanosas búsquedas de varios autores, a veces sin saberlo, de Dios. Las páginas dedicadas a Nietzsche, las más atrevidas del libro, son sugerentes, aunque puedan suscitar alguna que otra discrepancia. Y, por supuesto, las citas de los grandes místicos españoles como Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz jalonan las tres obras y, si se me permite la expresión, “descatolizando” alguno de sus textos para mostrar el carácter universal más allá de su Fe, de su experiencia mística. 

3. Estudios sobre Simone Weil 

Josep Otón redactó su tesis doctoral sobre la polifacética y controvertida escritora francesa Simone Weil (1909-1943), una mujer judía, activista política revolucionaria que se acercó al cristianismo, sobre el que captó sobre todo su aspecto místico, rechazando el intento de racionalizar la Fe (según dicen algunos, fue alérgica al tomismo). En la trayectoria intelectual de Otón, el descubrimiento de una mujer de extrema izquierda que se deja seducir por la mística cristiana no deja de ser un aliciente. Entre 2007 y 2009 publica sus estudios sobre la activista francesa en varios ensayos: Totalitarisme, arrelament i nació en l’obra de Simone Weil (2007), Simone Weil: el silenci de Déu (2008), Història i pedagogia en l’obra de Simone Weil (2009), El camino espiritual de Simone Weil (2009). 

Los cuatro ensayos son una de las mejores aproximaciones al pensamiento de Simone Weil publicados en España. Merecieron tres premios de ensayo, justamente otorgados (Serra i Moret de ensayo sobre valores cívicos, Joan Profitós de ensayo pedagógico, Cátedra Victoriano Muñoz a las tesis que promueven los valores). El primer y el tercer libro están más directamente relacionados con la tesis doctoral y se escapan parcialmente de la temática ensayística seguida hasta ahora por Josep Otón. Historiador que aspira al grado de doctor, buscó una temática de Weil ligada a la Historia y a la Pedagogía. Se nos presenta a Weil, ella misma profesora durante un tiempo, como reflexionando sobre la Historia, el pasado y su influencia en el presente. Alejada de la visión netamente marxista de la Historia, aunque reconociendo su papel como Ciencia Social, las digresiones filosóficas de Weil no conducen a ninguna dictadura del proletariado, pero sí a una emancipación del hombre, cuya dignidad subraya. Algo que cualquier cristiano suscribiría. 

En el segundo y cuarto ensayo, Otón vuelve a su tema: la mística. Y nos presenta a la Simone Weil más desconocida, más atormentada y más fascinante. Vuelve como una nueva “vigía”, pero que no se precipita al abismo sino que se acerca con sinceridad a Dios, hasta encontrarlo en el cristianismo. De las dos obras dedicadas a la mística Weil, sin duda la mejor es Simone Weil: el silenci de Déu, siendo el otro ensayo un resumen en castellano del primero.

Al leer ambos ensayos a veces es difícil distinguir si quien habla es el autor o Weil, tal es el grado de coincidencia de ambos. Otón puede exponer de forma didáctica y ordenada un pensamiento que Weil escribió de forma fragmentaria y nada sistemática, porque conoce bien su experiencia espiritual y la esencia del conocimiento místico. Los grandes temas de Weil son los mismos que preocupan al ensayista Otón y que serán retomados en obras posteriores: el silencio de Dios en la cultura contemporánea y la posibilidad de acercarnos a él incluso a través de formas no sagradas, como la contemplación de la belleza o el mismo amor humano, que terminan encontrando sentido en Dios. Weil es en algunos aspectos una pionera y Otón lo resalta en sus ensayos. Quizás incomprendida en su época (revolucionaria y mística) pero cuyas intuiciones han servido para iluminar muchos corazones. 

No está claro si Weil se bautizó. Quizás, como Bergson, no lo hizo por no renegar de su condición de judía en un momento de cruel persecución. Está clara su adhesión y Fe en Jesús, su experiencia personal de encuentro con el resucitado, su amistad con el padre dominico Perrin, pero también sus críticas al catolicismo. Otón no obvia en sus ensayos sobre Weil la relación entre esta autora y la Iglesia Católica, aunque lo hace sin profundizar mucho sobre el tema. Una mujer que se reconoce mística y cristiana pero que no termina por adherirse a la Iglesia Católica por cuestiones teológicas la convierten en un icono del progresismo católico. De ahí también su relevancia en los últimos años. Pero Otón, afortunadamente, no cae en el calificativo fácil. Su presentación de Weil no es la de una progresista utópica, sino la de una mujer que busca a Dios y al Dios revelado en Cristo. 

4. Ensayos de madurez: el método de la inmanencia 

Tras la etapa dedicada a reflexionar sobre Weil, Otón reanuda el itinerario intelectual más directamente relacionado con los tres primeros ensayos ofreciéndonos tres obras de madurez: El reencantamiento espiritual postmoderno (2014, traducción castellana de una obra anterior en catalán: El reencantament postmodern, 2012), Misterio y transparencia (2017) y Búsqueda (2018). Son tres obras, las dos primeras más extensas, articuladas en torno al hilo conductor de toda la obra intelectual de Josep Otón: la posibilidad de “dar razón de nuestra esperanza” (1 Pe 3, 15). Desde la Fe cristiana, vivida y arraigada, el autor quiere comunicar a los lectores, creyentes o no, que el hombre es capaz de trascender su yo ensimismado para poder acceder al Absoluto. 

En estos tres ensayos, la mística como argumento central pasa a un segundo plano, para entrar en una temática más filosófica o teológica, más reflexiva y profunda, intelectualmente sólida y sugerente. El primero de los ensayos, galardonado con el Premio de Ensayo Joan Maragall, es, en mi opinión, sociológico y descriptivo de la sociedad aparentemente secularizada en la que vivimos pero en la que están surgiendo nuevas formas difusas o menos difusas de religiosidad que muestran cómo el anhelo de Dios no ha abandonado al hombre. El análisis social sobre la crisis religiosa de la modernidad así como lo que llama “la espiritualidad cosmopolita” son certeros. Vuelve al tema de la mística, de pasada, para denunciar la demanda de ciertas místicas seculares de moda, de origen oriental la mayoría, desconocedoras de la rica tradición mística occidental. Especialmente interesante es su capítulo “de la coexistencia a la convivencia”, quizás uno de los mejores alegatos sobre el diálogo con el mundo secular recogiendo la sugerente invitación de Benedicto XVI sobre el “atrio de los gentiles”. 

En los dos ensayos posteriores Josep Otón deja de lado el análisis social para centrarse en cuestiones capitales de la interioridad humana, independientemente de su contenido religioso, como es la apertura del hombre a Dios. Misterio y transparencia se adentra con un lenguaje nada rebuscado en un tema central: el carácter opaco que tiene lo sagrado, pero que, en lugar de oscurecer desde el misterio, ilumina sin cegar, alumbra lo suficiente para que el hombre pueda encontrar aquellos signos que hacen al Misterio en cierto sentido “transparente”. Recorre en el libro diversos tipos de transparencia (de nuevo la mística, pero muchas más), introduce reflexiones de autores no católicos como María Zambrano, Walter Benjamin, de nuevo Nietzsche y el coreano Byung-Chul Han, el filósofo de la transparencia. 

El tercer ensayo, Búsqueda, creo que es una continuación del anterior, dando un paso adelante. En Misterio y transparencia, Otón se mueve en un relato reflexivo, decididamente no confesional, mostrando la capacidad de trascender el Misterio desde dentro del propio yo para acercarnos a una transparencia “velada”, dice el autor, que puede ser desvelada terminando de recorrer el camino. Este es el sentido de Búsqueda: llevarnos hacia el fin del camino, acompañarnos a salir del ensimismamiento, de la mística secular, para mostrarnos la posibilidad de la trascendencia. Aunque al final de Misterio ya hay unas sugerencias hacia la trascendencia y un esbozo del misterio cristiano, en Búsqueda ese tema se hace explícito y confesional. Josep Otón se nos muestra como un creyente cristiano y nos desvela el final del misterio: Dios se hace transparente en la persona de Jesús. 

Los tres ensayos anteriores están, en mi opinión, en la órbita intelectual del llamado método de la inmanencia, iniciado por el filósofo católico francés Maurice Blondel (en La acción, 1893 y obras posteriores). La obra de Blondel, en el marco de la crisis modernista que le salpicó, pero cuyos errores supo advertir, supone un giro intelectual del pensamiento católico, acostumbrado al intelectualismo tomista. Quizás Blondel minusvaloró todo el gran edificio intelectual de Santo Tomás, algo que le han retraído sus críticos con cierta razón. Pero supo ver que desde Descartes la filosofía se inclinaba hacia el inmanentismo. Blondel rechaza de plano el inmanentismo, pero acepta el reto del método para mostrar que a través de él es posible acceder a Dios por unas vías diferentes a las de Santo Tomás. En el fondo es la línea de San Agustín, y hasta del argumento ontológico de San Anselmo. Y no digamos de la teología contemporánea, desde Henri de Lubac (su obra, Sobrenatural, utiliza el método de la inmanencia) hasta Karl Rahner. 

5. Biblia, interioridad y mística 

Josep Otón utiliza el método de la inmanencia en estos ensayos, pero, como Blondel, para trascender. Desde esta clave se puede entender que fuera promotor de la edición del libro colectivo La interioridad: un paradigma emergente (2004) que ha servido de referente para proyectos educativos de interioridad, masters universitarios y tesis doctorales. Más recientemente, en Interioridad y espiritualidad (2018) ha puntualizado algunos aspectos de esta temática. En sus páginas se desarrolla una tesis bien clara: la interioridad humana no puede cerrarse en sí misma, por naturaleza está abierta a la trascendencia. Este es un libro más pedagógico que filosófico. Está dedicado a personas que trabajan con adolescentes y jóvenes a los que pueden educar en la interioridad y, desde aquí, abrirles a la espiritualidad que, evidentemente, es muy variada, pero que no puede cerrarse a la cristiana. 

La obra de Josep Otón no puede entenderse sin su oferta más netamente cristiana. La propuesta espiritual de Otón es un libro magnífico: La mística de la Palabra (2014). En el año 1996, con poco más de 30 años, había publicado una deliciosa Guía de la vida interior, escrito de juventud, pero de una madurez espiritual sorprendente. En La mística, el fervor juvenil da paso a unas meditaciones pausadas, 59 en total, en las que, utilizando diversos recursos, bíblicos sobre todo, nos propone un camino de espiritualidad centrado en el Evangelio para ser vivido en medio de la calle. En este libro Otón prefiere sugerir a dar consejos propios de manuales de ascética. Pero resulta muy fácil al lector sacar las conclusiones. 

Anteriormente ya había publicado Historias y personajes. Un recorrido por la Biblia (2010) cuya versión en catalán (2009) fue merecedora del Premio de Ensayo Bíblico. A través de la vida de algunos personajes emblemáticos del Antiguo Testamento, nos presenta su particular reflexión sobre la espiritualidad. 

Creo que La mística de la Palabra es imprescindible para entender la obra ensayística previa de Otón. Las obras anteriores se movían dentro del método de la inmanencia. Ahora sale de él para ofrecernos el salto hacia la trascendencia y hacia la trascendencia cristiana. Aunque nunca plantea explícitamente el tema, entre las obras de ensayo y esta última late un tema capital de la Teología católica: el de la gracia. A pesar de su método de interioridad, Josep Otón se cuida muy bien de caer en un cierto inmanentismo sobrenatural, en el viejo debate “de auxiliis”, entre agustinismo y tomismo, en la posible inmanencia de la gracia, como se podía entrever en la polémica obra Sobrenatural de Henri de Lubac. Es decir, el gran tema de la apertura de lo natural a lo sobrenatural, sin que lo primero exija necesariamente lo segundo. Es justamente esa apertura la que Otón reivindica. 

Para Josep Otón no hay duda de la gratuidad total de la gracia. La Mística es un canto a esta gratuidad, al don que se da y se recibe o se rechaza. La gracia es un don, como los numerosos signos con que Dios se nos manifiesta. Pero falta nuestro esfuerzo, como dice al final de Búsqueda. Sin embargo, la gracia también nos ayuda sin forzarnos: “la gracia no se limita a inspirar modos de hacer, sino que aporta la fuerza necesaria para realizarlos y la sabiduría para entenderlos”. Dios nos espera, dirá Otón, al final del camino de una interioridad sincera y sin prejuicios. Una frase resume muy bien toda su obra anterior a la luz de la Fe cristiana: “Nos empeñamos en atrapar el Misterio para manejarlo a nuestro antojo, en vez de aferrarnos a él y dejarnos conducir por Él”. 

Toda la Teología implícita en la obra de Josep Otón encaja con la mejor tradición del catolicismo, con la ortodoxia católica para decirlo en términos técnicos. Pero sabe utilizar un lenguaje y unos recursos para acercar la tradición perenne al lector del siglo XXI, sin concesiones a un progresismo fácil ni a un lenguaje de tiempos pasados. Su indagación introspectiva que va desde La Guía hasta Búsqueda no lleva a la soledad del yo frente al Totalmente Otro, al Deus absconditus, en definitiva a una teología dialéctica (Karl Barth) sino a descubrir la presencia de un Dios misterioso pero transparente: “una alteridad con la que es posible sentirse en comunión y que confiere sentido a nuestro existir”. 

6. El laberinto narrativo 

La obra intelectual de Josep Otón se complementa con unas breves incursiones en la narrativa. Tanto en 21 retratos para el siglo 21 (2003) como en lo que podríamos entender como su continuación, Relatos con vivencia. Retratos de interior (2010) presenta unos relatos que muestran situaciones cotidianas de la vida, en las que nos encontramos reflejados y nos permiten entender nuestra interioridad. El chaman del pequeño valle (2007, 4 ediciones) es un breve cuento para niños que, bajo una capa de historia imaginada, sugiere la necesidad de los valores espirituales. Pero, sin duda, su mejor obra narrativa es Laberintia (2015, varias ediciones y traducida al francés). 

Laberintia se inspira en El nombre de la rosa cambiando los monjes por unas monjas, bastante más simpáticas que los recreados por Umberto Eco. Pero el trasfondo de la novela de Otón es la antítesis del italiano. El nombre de la rosa es una obra paradigmática de la postmodernidad. Aunque sus tesis no se explican, se narran como parte de la historia. La filosofía de fondo es un relativismo sutil pero claro: “Me pareció que Guillermo no tenía el menor interés en la verdad”, dirá Adso de Melk. En cambio, Fray Martín de Briviesca (el Adso de Laberintia) se encuentra con personajes que sí buscan afanosamente la verdad, algunos son trasuntos de personajes históricos como San Francisco o Clara de Asís. 

El propio autor reconoce que, tras la capa de una novela de misterio, se esconde, como en la novela de Eco, una novela de ideas. Y las ideas vuelven al punto de partida, a los temas de la ensayística de Otón: la búsqueda interior. “El laberinto es, en cierto modo, una metáfora en la que se conjugan la exploración de la realidad y el descubrimiento de uno mismo”. No puede ser más clara la referencia del autor a toda su obra anterior. 

7. Conclusión 

Al terminar esta sucinta revisión de la obra de Josep Otón creo importante destacar también un hecho relevante: su cuidado estilo literario. Frases breves, recursos literarios apropiados, el uso de símiles, epítetos o metáforas para expresar ideas complejas, la adjetivación adecuada, la palabra precisa… conforman un estilo ágil, pulido y estilísticamente impecable. 

Afortunadamente la obra intelectual de Josep Otón no está cerrada. Todavía nos puede ofrecer novedades que contribuyan a incorporar obras de prestigio intelectual desde el pensamiento cristiano. Las seguiremos esperando.

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