viernes, 18 de marzo de 2022

Juan Arana: Ciencia y religión. Por Leandro Sequeiros

Arana, Juan: Ciencia y Religión. ¿Enemigas o aliadas? Editorial Senderos, Sevilla, 2020. 254 páginas. Comentario realizado por Leandro Sequeiros (Presidente de la Asociación Interdisciplinar José de Acosta -ASINJA-).

A lo largo de sus muchos años de vida, la revista Razón y Fe ha ofrecido a sus lectores gran cantidad de artículos sobre las diversas facetas de la problemática entre la Ciencia y la Religión. Y la Cátedra Francisco J. Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión (y el blog FronterasCTR -pinchar aquí-) han dedicado una parte de su actividad a tender puentes entre ambas visiones del mundo. Nos encontramos ante una problemática que para los lectores no es nueva.

Se inicia con este volumen, cuyo autor es el profesor Juan Arana (Catedrático de Filosofía de la Universidad Hispalense y académico de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas de Madrid), lo que él mismo denomina una “nueva aventura editorial” en el campo de la Filosofía. Este primer volumen de la nueva colección sintetiza el pensamiento de Juan Arana sobre la relación entre ciencia y religión, elaborado a lo largo de 25 años de reflexión filosófica. Durante estos años Arana ha publicado 32 trabajos sobre este tema y de ellos “rescaté 18 perlas para, después de reelaborarlas, ensartarlas y formar el collar que ahora entrego al resignado lector”.

La lectura reposada de este ensayo se presta a interesantes reflexiones. La primera reflexión es sobre si es válido filosóficamente mezclar escritos que se han escrito a los largo de 25 años. Tal vez supone el autor que la mente humana se congela y que nuestros pensamientos permanecen firmes un cuarto de siglo. En un mundo en continua transformación, el ser humano madura continuamente, cambia y evoluciona, se adapta, integra, reelabora sus mapas conceptuales. No es fácil afirmar que nuestro modo de pensar se mantiene inalterable. Otra cuestión es que un autor presente cronológicamente sus escritos y valore el cambio que inconscientemente se va dando con el tiempo en nuestras opiniones y posturas.

Son muchos los temas que el autor trata en su libro (y en especial en el capítulo X, “temas centrales del diálogo ciencia/fe en la actualidad”) y no es este el momento ni el modo de entrar en detalles. Sería más objeto de una conversación. Pero hay muchas posturas comunes. Coincidimos plenamente con Arana en rechazar las posturas intransigentes de los reduccionistas y cientificistas. Abogamos juntos por valorar positivamente el papel que la filosofía debe tener como mediadora entre ciencia y religión (p. 67). Aunque desde otras epistemologías, algunos de los planteamientos se prestan al debate intelectual sosegado.

Es mucho lo que, como filósofos de cultura cristiana, nos une; pero también hay matices de fondo que podrían ser chocantes para algunos. Incluso abrimos el debate sobre la posibilidad, la oportunidad e incluso la necesidad hoy de ir más allá de una alianza estratégica entre la ciencia y la religión. No se trata de profundizar en las heridas del pasado (por la falsa percepción de la perenne enemistad entre ciencia y religión) ni de hacer apologética.

Pero tampoco se trata —como insiste Arana— de alianzas de silencio que fomenten la falsa imagen de que ciencia y religión son vías paralelas que no tienen que encontrarse (como afirmaba Stephen Jay Gould y creen muchos científicos y teólogos hoy). Es necesario tender puentes de diálogo y establecer plataformas de encuentro sin apologética.

El volumen está estructurado en doce capítulos con una nota preliminar y una bibliografía final demasiado sesgada desde mi punto de vista. No se citan los libros de Ian Barbour, ni de Arthur Peacocke, ni de John Polkinghorne (y ni siquiera a los de la Fundación Templeton, que ha patrocinado un elevado número de volúmenes sobre Ciencia y Religión de orientación más bien moderada), ni a ninguno de los autores de habla española que llevan muchos años dedicados a esta tarea de la ciencia y la religión en España y Latinoamérica.

Los doce capítulos del libro son una reelaboración de los artículos y capítulos de libro seleccionados por Arana. No están por orden cronológico y tampoco ofrece unas pistas para conocer la línea de pensamiento o el mapa conceptual subyacente. Y al lector no se le hace fácil seguir el hilo conductor del discurso global.

Me ha parecido especialmente interesante el capítulo I (“La fe del sabio: actividad científica y creencia religiosa”). Es una reelaboración de otro artículo publicado en 2001 y los planteamientos filosóficos, epistemológicos, teológicos y científicos coinciden con los que desde otras plataformas intentamos impulsar. Puede ser un punto de partida para futuras colaboraciones. Desde esta perspectiva coincidimos plenamente en que “ni la ciencia monopoliza la razón, ni la religión agota la fe” (p. 33). Por eso, se puede suscribir su afirmación: “estoy convencido de que, si fuera posible coleccionar todas las afirmaciones teóricas que la verdadera religión y la verdadera ciencia patrocinan, habría unas cuantas que aparecerían en ambas listas. En terminología un poco más técnica, el conjunto intersección no estaría vacío” (p. 53).

Sí puede resultar significativo que el capítulo XII y último es una reelaboración del que parece ser el discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en el año 2017: “¿Puede una sociedad desencantada hacer frente al fanatismo?”. El autor lamenta que a partir de la modernidad se ha producido la ruptura de la unidad del saber (p. 61) y alude reiteradamente a la necesidad de trabajar para la unidad del conocimiento (como quería Santo Tomás). Sin embargo, otros expertos en estos temas proponen, frente a la fragmentariedad de los saberes, trabajar por la interdisciplinariedad, la integración de parcelas de saber. Desde aquí podemos muchos caminar juntos.

Pese a ello, coincidimos plenamente en afirmar que “lo propio de la religión (…) es incorporar e implicar todas las dimensiones y facultades del hombre, de forma que, prendidas y arrastradas por la fe, tanto la razón como la inteligencia, la imaginación y la afectividad den lugar a un modelo de existencia que pretende llevar a su plenitud todo lo que en el hombre hay de valioso” (p. 34). Un buen punto de partida para converger y trabajar en la misma dirección.


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