miércoles, 30 de marzo de 2022

Thomas Nagel: La mente y el cosmos. Por Leandro Sequeiros

Nagel, Thomas: La mente y el cosmos. Por qué la concepción neodarwinista materialista de la naturaleza es, casi con certeza, falsa. Biblioteca Nueva, Madrid, 2014. 157 páginas. Traducción y prólogo de Francisco Rodríguez Valls. Comentario realizado por Leandro Sequeiros (Presidente de la Asociación Interdisciplinar José de Acosta, ASINJA).

Uno de los debates más vivos en los ambientes interesados por el conflicto entre la Razón y la Fe es este: la ciencia ¿puede explicarlo todo? El naturalismo materialista del siglo XIX respondía tajantemente que la ciencia es la única ventana de acceso al conocimiento del mundo. Esta convicción sigue hoy arraigada bajo la etiqueta del cientificismo. Este ensayo de Thomas Nagel que aquí presentamos no es, como algunos equivocadamente han afirmado, antinaturalista sino, ante todo, antirreduccionista. 

Thomas Nagel (Belgrado, 1937) es posiblemente, según el prólogo de este ensayo, uno de los autores en activo de mayor relieve en el campo de la filosofía de la mente. De origen judío, obtuvo grados en Filosofía en las universidades de Cornell y Oxford. Se doctoró en la universidad de Harvard en el año 1963 bajo la supervisión del profesor de filosofía política de Harvard John Rawls (1921-2002), autor de Teoría de la justicia (1971) y Liberalismo político (1993). Sus libros anteriores tratan sobre la justificación filosófica de la moral. Pero en este libro critica a aquellos que quieren fundamentar la moral en la biología. 

Nagel ha impartido docencia, entre otros lugares, en las universidades de Berkeley y Princeton. Sus puntos de vista suscitan muchas polémicas entre los historiadores y filósofos de la ciencia por las implicaciones éticas y políticas de sus reflexiones. Es miembro de la American Philosophical Society. En el año 2008 recibió el premio Balzan de Filosofía Moral. [El Premio Balzan lo otorga cada año desde 1961 la Fundación Internacional Balzan a científicos y artistas de todo el mundo que destacan por sus contribuciones en los campos de las Ciencias y las Artes. La fundación, con sede en Milán y Zúrich, hace honor al periodista italiano Eugenio Balzan (1874-1953). Su hija, Ángela Balzan, creó la fundación en 1957 en Lugano (Suiza), con la herencia de su padre].

En su breve pero denso ensayo sobre la imposibilidad de fundamentar la conciencia y la moral en la biología, Nagel nunca cita a Dios. No es, por tanto, un texto de apologética religiosa. Este libro no invoca a una mente suprema en el sentido en que propuso el filósofo Antony Flew en su obra Dios existe (Madrid, Trotta, 2012 -ver comentario en Libris Liberi pinchando aquí-). Así como Flew (muchos años ateo beligerante) reconoce haber cambiado su opinión sobre la existencia de un agente intelectual superior, sin embargo, Nagel en La mente y el cosmos se declara abiertamente ateo y falto de cualquier tipo de sentimiento religioso. Lo que Nagel afirma es que la hipótesis científica neo-darwinista que ha derivado filosóficamente en posturas reduccionistas y materialistas (y no las otras posturas no reduccionistas y no materialistas que también las hay) deja fuera de su ámbito de explicación fenómenos que realmente son contrastables o que para explicarlos deben hacer un conjunto de conjeturas que significan un triple salto mortal en el vacío de cuyo riesgo nadie parece darse cuenta. No tienen explicación desde el ámbito del naturalismo reduccionista para la aparición de la conciencia, el conocimiento y el mundo de los valores (Prólogo, pp. 12 y 13).

En La mente y el cosmos, Thomas Nagel defiende que resultan insostenibles las versiones hoy día más usuales del naturalismo y afirma que la versión materialista estándar de la biología evolutiva es, sin remedio, incompleta. La historia que condujo al origen de la vida y a la evolución de las especies no ha podido ser un proceso regido exclusivamente por los principios de la selección natural darwinista. Una concepción acertada de la naturaleza tendría que explicar también la aparición en el universo de mentes conscientes. No hay disponible una explicación y no hay expectativa de que las ciencias físicas, incluida la biología molecular, proporcionen una. 

Este libro investiga el problema del reduccionismo científico y se centra especialmente en los fenómenos de la conciencia, el conocimiento y el valor. La conclusión es que la física no puede dar cuenta de toda la realidad. Según Nagel: “la aparición del código genético -una arbitraria trasposición de secuencias de nucleótidos en aminoácidos, junto con los mecanismos que pueden leer el código y cumplir sus instrucciones- parece que resiste particularmente revelarse como probable si se da solo una ley física. Al pensar sobre estos problemas me han motivado las críticas de la imagen del mundo científico dominante” (p. 36).

Encontramos en este ensayo de Thomas Nagel la repetida afirmación de que otros principios deben haber intervenido en la gran historia de la Naturaleza. Principios que en su forma lógica deben ser teleológicos y no puramente mecanicistas; Nagel propone una vía alternativa entre el naturalismo y la creencia en la Transcendencia. Vía que sólo esboza, sin concretarla en ningún momento, más allá de enunciarla: se deben admitir principios teleológicos, a la manera de la teleología interna aristotélica, en la explicación del origen y evolución de la vida. Thomas Nagel sostiene que, en dicha alternativa, además de las leyes de la física y de la química, hemos de incluir una como “predisposición cósmica a la formación de la vida, la consciencia y el valor que es inseparable de ellas” (p. 147). Las propuestas de Nagel están sólidamente justificadas en el texto tal como se muestra en el índice analítico y onomástico que se inserta al final del libro

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