miércoles, 10 de abril de 2024

Senén Vidal: Iniciación a Pablo. Por Mª Ángeles Gómez-Limón

Vidal, Senén: Iniciación a Pablo. Sal Terrae, Santander, 2008. 182 páginas. Comentario realizado por Mª Ángeles Gómez-Limón.

Senén Vidal (1941-2016) fue profesor de Nuevo Testamento en el Estudio Teológico Agustiniano de Valladolid. Sus principales obras sobre Pablo son: La resurrección de Jesús en las cartas de Pablo. Análisis de las tradiciones (1982), Las cartas originales de Pablo (1996), El proyecto mesiánico de Pablo (2005), El primer escrito cristiano. Texto bilingüe de 1 Tesalonicenses, con introducción y comentario (2006), Pablo. De Tarso a Roma (2007). Todo ello evidencia que nos encontramos ante un especialista en la materia que, animado por el aniversario en que nos encontramos, publica esta Iniciación a Pablo, en la que, además de desarrollar lo que se indica en el título de esta pequeña obra, concentra y sintetiza parte de sus anteriores publicaciones sobre el tema 

El volumen que comentamos se organiza en cuatro partes de extensión variable. En primer lugar se reseña El contexto histórico, en sus distintas dimensiones, que expone tratando diferentes aspectos: políticos («La conexión imperial»), sociales («El entramado social») y el ámbito cultural y religioso helenístico («Entre el sincretismo y el individualismo»). Es de notar el acierto con que, dentro de su brevedad, sitúa el surgimiento y expansión del cristianismo en el entramado imperial, así como el significado de la obra de Pablo. 

En la segunda parte se describen –muy aproximativamente, tendríamos que decir– las etapas de La vida de Pablo. El autor hace un rápido pero claro esbozo de la evolución del proceso de Pablo: su origen judeohelenista y el marco social del que procede («Los orígenes de Pablo»); el conflicto con el naciente movimiento cristiano junto a la experiencia de la conversión («El cambio de vertiente»); su primera etapa «cristiana», configurada por la incorporación a las comunidades de Damasco y, sobre todo, Antioquía («La misión helenista»); para terminar con «La misión autónoma», donde se describe cómo Pablo, a partir de diversas circunstancias y conflictos, inicia un nuevo programa evangelizador en el que Vidal descubre hasta tres etapas. 

Las cartas de Pablo se abordan en la tercera parte. Para ello, el profesor introduce el apartado señalando un posible proceso de «recopilación de las cartas» para continuar describiendo cómo se produjeron determinadas «transformaciones de las cartas». Esto explica la distinción, en el corpus paulino, entre cartas originales (con más o menos glosas e interpolaciones) y cartas deuteropaulinas. Hechas estas observaciones, se pasa a una muy somera presentación de las siete cartas consideradas auténticas. En un rápido análisis, presenta su hipótesis de que las siete cartas proceden de trece escritos originariamente independientes. Teniendo en cuenta a unos posibles lectores no iniciados, creemos que habría sido más interesante acercarse a las epístolas desde sus centros temáticos, tratadas en la unidad con que han llegado hasta nosotros. 

La cuarta y última parte, la más extensa, se titula El evangelio de Pablo. En ella se nos presenta una síntesis de los núcleos que, a juicio del autor, definen la teología paulina. La palabra clave para entender este enfoque es el término «mesiánico», con el que se quiere expresar, según el planteamiento de fondo de nuestro autor, la conexión de la misión paulina con el último y definitivo proyecto mesiánico de Jesús. Así, en estas pocas páginas, Vidal realiza un auténtico precipitado de sus tesis sobre el tema (y que han sido desarrolladas extensamente en publicaciones anteriores). El esquema presentado tiene, dentro de su concisión, visos de tratado teológico, pues, tras indicar el punto de partida, situado en la pascua de Jesús («El evangelio mesiánico»), hace un esbozo de cristología paulina («El nuevo Mesías»), de antropología teológica o el paso de la ley a la gracia («El gran tránsito mesiánico»), de eclesiología («El nuevo pueblo mesiánico«) y de escatología («La nueva esperanza mesiánica»). Aquí es donde nos encontramos, lógicamente, con la mayor dificultad de la presente Iniciación: por el afán de ofrecer un sistema del pensamiento paulino, por el esquema elegido para ello –que a veces resulta forzado y, en la literalidad del texto que manejamos, poco comprensible– y por el lenguaje teológico utilizado. 

Se concluye la presente Iniciación con una selecta bibliografía sobre el tema paulino realmente motivadora para continuar profundizando en el tema. 

Pese al título, no podemos decir exactamente que nos encontremos ante una obra «de iniciación» ni «de divulgación», pues, dentro de su brevedad, son necesarios «previos» no menores para comprender correctamente el contenido de la obra. Da la impresión de que el autor presupone un nivel más que aceptable de conocimientos históricos, bíblicos y teológicos, sin los que no pueden entenderse, por ejemplo, puntos como los relativos a las diferentes corrientes del cristianismo naciente, el tema mesiánico, el modo de tratar las cartas de Pablo o lo indicado acerca de su teología. 

Con todo, valoramos muy positivamente el poder contar con una Iniciación a Pablo de estas características. Este tipo de «iniciaciones» sólo sirven adecuadamente a su objetivo si, como en este caso, están realizadas por expertos. Su estructuración clara y sencilla, dentro de la obvia complejidad del tema, la adecuada distribución de contenidos, el esfuerzo por ofrecer una visión global pero no superficial del tema, entre otros rasgos, hacen de la presente publicación un recurso de indudable interés y calidad para la formación de agentes pastorales y otras personas interesadas en el tema. Además, despierta tantas preguntas y deseos de completar esta «iniciación» que constituye una excelente motivación para continuar profundizando en el conocimiento de Pablo, auténtica «columna de la Iglesia». 


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