viernes, 5 de abril de 2024

Johanna Domek: Respuestas que liberan. Por Pepa Gallego

Domek, Johanna: Respuestas que liberan. Veinticuatro preguntas a la Biblia. Narcea, Madrid, 2005. 124 páginas. Comentario realizado por Pepa Gallego.

Johanna Domek, monja benedictina que estudió religiones comparadas, nos invita en su libro a profundizar en la pedagogía que contienen las preguntas, y más en concreto en las preguntas que encontramos en la Biblia. Gracias a una estructura sencilla, el libro acompaña al lector en un recorrido por los distintos interrogantes que ya desde el principio surgen en el Antiguo Testamento, en el libro del Génesis, Salmos, Profetas... y que continúan en los Evangelios. Dicha estructura comprende veinticuatro secciones a modo de capítulos sin numerar, y en las cuales distintas preguntas bíblicas se erigen en protagonistas. 

El itinerario a seguir no es para nada simple; al contrario, tiene una profundidad estudiada. Es una provocación a la reflexión, a hacer auténtica experiencia de Dios desde las preguntas que nos lanza o desde las que salen de la boca de los distintos personajes que aparecen en la Escritura: serpiente, profetas, orantes, discípulos... y, privilegiadamente, la persona de Jesús. 

Las preguntas se convierten en vehículos a través de los cuales entramos en relación y diálogo con Dios. Nos permiten vincular la experiencia de la Historia de Salvación, recogida en la Biblia, a nuestra historia personal. En ese diálogo cobra especial importancia nuestra escucha atenta de la Palabra, que nos obliga a estar presentes con toda nuestra persona, a vaciarnos de preocupaciones o distracciones, a no taponar los oídos y a emplear los cinco sentidos para ir más allá de la mera contemplación y posibilitar la oración con quien sabemos nos ama y nos hace interrogarnos constantemente en cualquier tiempo y lugar. Como dice la autora, lo que ignoramos es mucho más que lo que sabemos. Hay preguntas que nos acompañan siempre, porque siempre son actuales e insisten en sacarnos a veces de la rutina, otras del camino; por eso nos enriquecen. 

A modo de esbozo y como ejemplo, teniendo por referencia alguna de las citas –valga Gn 3,1–, se nos insta a preguntarnos por el sentido de la fraternidad. ¿Cómo la vivimos? ¿Somos fieles a nosotros mismos? ¿Permitimos que el hermano madure en libertad o tendemos a controlarlo? Las preguntas en ocasiones también surgen desde el sentimiento de desesperanza, angustia o miedo, y nos dirigimos a Dios buscando respuestas o soluciones. Así, en el Salmo 27, en el que se proclama: «El Señor es mi Luz: ¿a quién temeré?», el orante afronta su miedo desde su relación de intimidad y confianza con Dios y sabe que esto le sostiene. Él es el centro de su vida y con quien puede afrontar todo tipo de obstáculos. Nos planteará la autora: ¿también nosotros lo sabemos?; ¿lo sentimos y vivimos así? 

De este modo se van desgranando diferentes interrogantes, haciéndonos participar en los mismos y cuestionándonos cuáles son nuestras verdaderas necesidades y nuestros verdaderos remedios ¿Qué le pido a Jesús? ¿Sé lo que quiero? ¿Sabemos asimilar las enseñanzas de Jesús? ¿Cuál es el objeto de nuestra esperanza? ¿Buscamos un showman o alguien que nos muestre el camino? ¿Le ponemos trampas a Jesús o al hermano, como ocurre en Mt 22,18? ¿Llevo una vida digna de Dios en los distintos aspectos? ¿Sabemos preguntar de forma auténtica, como María al ángel, y contestar asintiendo desde el corazón? ¿Sabemos encontrarnos con Dios y con los demás? ¿Les tocamos, permitiendo que nuestro contacto les aporte salud y vida, tal como hacía Jesús con los enfermos y marginados? 

En conclusión, es un libro que nos acerca a la Escritura y nos permite interiorizarla de una manera sencilla pero honda. No hay preguntas libres en sí mismas, como dice esta religiosa; pero nuestra manera de recibirlas y de disponernos ante ellas puede producir efectos liberadores y abrirnos a los demás. Nos pueden situar ante la realidad de manera diferente: «darnos cuenta de que Dios está con nosotros, que Él nos libera y nos da seguridad». Sólo desde Él podemos obtener lo que a veces se convierte en obsesión en nuestra vida: encontrar respuestas.


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