jueves, 27 de abril de 2017

Rafael Díaz-Salazar: Educación y cambio ecosocial. Por Irene Ortega

Díaz-Salazar, Rafael: Educación y cambio ecosocial. Del yo interior al activismo ciudadano. PPC, Madrid, 2016. 280 páginas. Comentario realizado por Irene Ortega.

Rafael Díaz-Salazar, profesor de Sociología y Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid, se adentra en esta reflexión desde unas coordenadas vitales que le permiten darle un enfoque integral a la misma: como educador (docente universitario y padre), como activista sociopolítico internacionalista y global; y como persona creyente, de espiritualidad cultivada. Esto constituye uno de los aportes más relevantes de la presente obra. Además, la revisión de abundante literatura y de la praxis educativa documentada, permiten al autor contestar a dos preguntas: ¿cómo llega una persona a desarrollar un proyecto de vida comprometido con la ecología y con la justicia social? Y, ¿qué tipo de educación puede facilitarlo?

La respuesta a la primera cuestión se apunta en el subtítulo: el cultivo de la interioridad es la piedra angular en la formación de personas capaces de dar un sentido a sus vidas más allá de la limitada propuesta del consumo alienante y deshumanizador. Díaz-Salazar defiende una aproximación a la interioridad, a la espiritualidad y a la trascendencia a partir del diálogo entre corrientes sapienciales diversas, ya sean agnósticas, ateas o teístas, e ilustra el recorrido desde el interior hacia la conversión ecológica y el compromiso social a través del Sermón del Monte (cf. Mt 5), presentándolo como camino válido tanto para creyentes como para no creyentes.

En lo que toca a la segunda pregunta, su punto de partida versa en el cuestionamiento de los fines de la educación y de una crítica a los sistemas de enseñanza en los que prima la instrucción tecnocrática al servicio del mercado. Propone una profunda transformación educativa que implique a las familias, a los movimientos asociativos infantiles y juveniles y a los centros escolares en la formación de ciudadanos sensibles con el planeta y capaces de conducir proyectos vitales basados en la interioridad y el activismo eco-social. En cuanto al papel de los centros educativos, el autor justifica por qué esta transformación solo será posible si impregna todos los aspectos de la actividad escolar, así como si cuenta tanto con la participación de las familias como con un profesorado articulado en redes de docentes y conectado con su vocación educativa. Muchas de sus conclusiones se fraguan en la experiencia de las organizaciones que trabajamos apoyando a los centros escolares en este propósito desde la Educación para la Ciudadanía Global. Una buena lectura para toda persona que busque en la educación un camino de transformación personal y social.

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