viernes, 5 de febrero de 2021

Marino Ayerra Redín: No me avergoncé del Evangelio. Por Ramón Gómez Ruiz

Ayerra Redín, Marino: No me avergoncé del Evangelio. Periplo, Buenos Aires, 1958. 1ª Edición de Txalaparta (Tafalla), 2019. 487 páginas. Comentario realizado por Ramón Gómez Ruiz.

Confieso que me tiré años tratando de conseguir este libro. Siendo un adolescente revolucionario con inquietud vocacional me lancé a la búsqueda de este diario sacerdotal pero no había forma de dar con él. Gracias a los avances y el “buen hacer” de la moderna tecnología de internet, ha podido llegar hasta mí en una reciente edición que ha realizado la editorial navarra Txalaparta.

La obra que os presento es fruto de una suma de contrastes y contrarios que dan color a la vida de un joven cura navarro que llega a su nueva parroquia, Alsasua, en vísperas del inicio de la Guerra Civil Española (17 de julio de 1936-1 de abril de 1939). La ilusión del novel párroco va dando lugar a un profundo sentimiento de desesperanza, desilusión, miedo, angustia, clamor al cielo… ante los devastadores y atropellados acontecimientos que se viven en las inmediaciones de su parroquia. Los gritos orantes del joven párroco, las vivas homilías en contra de la barbarie y el derramamiento de sangre… culminarán en el exilio del P. Ayerra Redín en América y su secularización.

Vivimos tiempos convulsos y de extremismos en lo político, lo social, lo eclesial… Si alguien se quiere asomar a la vida de este malogrado cura que nunca se avergonzó del Evangelio, tal vez pueda vislumbrar que la Iglesia no es de derechas ni de izquierdas (o no debiera serlo, al menos) como dialoga en oración D. Marino con su Señor, y que hoy tanto se usa como signo de división entre la gente. La importancia de la reconciliación y la concordia entre familias, amigos y vecinos. La radicalidad de la paz que debemos construir juntos. Conocer el pasado nos permite evitar errores de nuestros antepasados, aprender y construir en vez de destruir. Y esto no solo como Iglesia sino en todos los órdenes de nuestra vida.

Si alguien se aproxima a la vida del joven padre Ayerra, se encontrará con páginas realmente hermosas y otras muchas amargas como la hiel. Pero ese es su valor: ver la historia pasada con los ojos de alguien que la vivió y que desde su experiencia podemos iluminar y transformar nuestro presente.


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