viernes, 23 de julio de 2021

Pius-Ramon Tragan y Marinella Perroni: Nadie ha visto nunca a Dios. Por Ianire Angulo Ordorika

Tragan, Pius-Ramon y Perroni, Marinella: Nadie ha visto nunca a Dios. Una guía para la lectura del evangelio de Juan. Verbo Divino, Estella, 2019. 309 páginas. Comentario realizado por Ianire Angulo Ordorika (Facultad de Teología de Granada).

El cuarto evangelio es, sin duda, aquel que más atracción ha generado a lo largo del tiempo. Esa particular combinación de la más alta teología expresada a través del más sencillo de los lenguajes ha fascinado a muchos a lo largo del tiempo. Este libro, escrito originariamente en italiano, pretende convertirse en herramienta válida para adentrarse en la historia de su exégesis y, de este modo, sumergirnos en ese apasionante relato. Aunque se trata de una obra escrita a cuatro manos por dos estudiosos de Juan, entre sus líneas no se perciben voces diversas, sino una melodía armónica que pretende atraer a muchos y restituir a este evangelio su potencialidad cristológica. 

La obra está estructurada en tres partes diferenciadas y de diversa longitud. La primera de estas secciones atiende a la forma y el fondo del cuarto evangelio, dedicando a ello cinco capítulos de desigual extensión. El primero de ellos nos sitúa ante Juan a modo de mirada panorámica. En sus páginas se ofrecen varias razones que justifican la relevancia de este evangelio. Los motivos que los autores esgrimen para defender la importancia de Juan son los siguientes: la cuestión del Logos, su carácter cristocéntrico, el teocentrismo que presenta, la referencia al proceso creyente, la valoración de la humanidad y de la carne, la percepción de la creación, el papel que ostentan las mujeres y la concepción de la historia como revelación divina.

El segundo capítulo está consagrado a la estructura literaria del cuarto evangelio. Ofrece, a modo de ejemplos representativos, seis hipótesis de estructuración distintas: las de Bultmann, Boismard, Brown, Schenke, Theobald y Ringleben. Concluye afirmando que muchas de estas formas de estructurar a Juan son complementarias y que hacen patente el intenso trabajo redaccional que llevó adelante el evangelista. La peculiaridad del vocabulario y del estilo joánico es el tema abordado en el tercer capítulo. Antes de analizar el estilo particular del cuarto evangelio, los autores organizan su léxico en torno a cuatro grupos: aquellos términos que remiten al núcleo de la Buena Noticia, los que atienden a la disponibilidad de la predicación, las palabras que aluden al desconcierto que provoca Jesús y aquellas cuyo contenido tiene un sentido ambivalente.

Los discursos, los “signos” y el relato de la pasión son las tres columnas de Juan. En los capítulos que giran en torno a la pasión de Jesús se conserva una antigua tradición y se evidencia su intencionalidad teológica. Los milagros en este evangelio se denominan “signos” y se reducen a siete que conservan un esquema formal estable. Puesto que generan fe o rechazo en sus testigos, estos encierran un valor ambiguo en el texto evangélico. En los discursos el Nazareno revela su verdadera identidad y se dividen en aquellos que tienen una forma externa de diálogo y aquellos que se asemejan a los monólogos.

Esta primera parte de la obra culmina con un extenso capítulo dedicado al sistema doctrinal de Juan. En estas páginas se va haciendo un barrido sobre las dimensiones teológicas de este evangelio y de ciertos núcleos temáticos que le son propios: Logos, creer y mundo. Tras estas cuestiones se abre paso la segunda parte del libro, constituido por tres capítulos. El primero de ellos nos sitúa en el debate en torno al modo de abordar el estudio bíblico. Se describen los modos diacrónico y el sincrónico de estudio de los textos bíblicos considerándolos difícilmente complementarios entre ellos. Como se hará aún más evidente en el segundo capítulo de esta parte, los autores se decantan por los métodos histórico-críticos. Desde esta perspectiva se presenta la cuestión de la autoría, el contexto histórico-religioso en el que nace el cuarto evangelio, la resbalosa cuestión en torno a las fuentes que utiliza y su posible valor histórico.

La segunda parte de esta obra se cierra con un capítulo dedicado a la comunidad joánica. Manteniendo el interés por la diacronía que ostenta el conjunto del libro, se traza el trayecto que va desde el discípulo amado a las comunidades que se encuentran a la base del corpus joánico. En este capítulo se le da una relevancia especial al papel que, según parece mostrar el texto evangélico, debió ostentar la mujer en estas iglesias. Para los autores, la importancia de lo femenino en Juan sería reflejo de aquella que estas ostentaban en la comunidad.

La última sección del libro está consagrada al estudio de pasajes joánicos paradigmáticos. En los siete capítulos de esta parte se analizan las bodas de Caná, la curación del funcionario del rey, la sanación del paralítico, el discurso del pan de vida, la parábola del buen pastor, la resurrección de Lázaro, el lavatorio de pies y la aparición pascual a María Magdalena. Aunque no omite cierto acercamiento narrativo, la tendencia a la hora de abordar estos pasajes es fundamentalmente diacrónica. Coherente con la tendencia de estos autores a lo largo de toda la obra, el estudio histórico-crítico adquiere una notoria primacía en el modo de enfrentarse a estos textos. El libro termina con un útil apéndice en el que se lanza una mirada panorámica a cómo se ha ido interpretando el cuarto evangelio a lo largo de la historia. Esta parte de la obra hace patente uno de sus puntos fuertes: recoger de modo ordenado y hacerse eco del legado de tantos siglos de investigación en torno a Juan. Cabe destacar, de igual modo, la amplitud de la bibliografía ofrecida, que resultará muy útil para quien desee acercarse al estudio del cuarto evangelio. El acento que se hace en los métodos histórico-críticos imprime en este libro un toque de originalidad, pues rompe con la actual tendencia a abordar los libros bíblicos desde una perspectiva sincrónica. Nos encontramos ante una obra actual que, sin prescindir del legado de tantos años de investigación joánica, es capaz de ofrecer claves importantes para ahondar en el texto joánico. 


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