Llamazares, Julio: Distintas formas de mirar el agua. Alfaguara, Madrid, 2015. 192 páginas. Comentario realizado por Jesús Ángel Rodríguez.
Nos encontramos ante un libro de relatos sobre un mismo hecho, visto de manera distinta por sus narradores. La novela parte del fallecimiento de Domingo, un campesino expulsado de su pueblo por la construcción de un pantano que anegó todo el valle que incluía otros pueblos. Este hombre nunca rompió el vínculo que le unía a la tierra que le vio nacer y donde tuvo su casa, donde están enterrados sus antepasados y un hijo que murió prematuramente. Desde que salió forzado del pueblo no había querido volver, y aunque vivió la mayor parte de su vida en el pueblo donde le mandaron, siempre dijo que quería que sus cenizas fueran arrojadas al pantano y lo más cerca de su pueblo posible.
Por orden, los relatos son de Virginia, su mujer, que sí volvió en algún momento al pantano. Le siguen los relatos de su hija Teresa, que salió del pueblo con 16 años. De Miguel, el marido de Teresa. Susana y Raquel, hijas de Teresa y Miguel. José Antonio, el segundo hijo que le mandaron a la mili a Barcelona y allí se arraigó. Elena, la mujer de José Antonio. Daniel, hijo de estos dos últimos, ingeniero de Caminos, como el que le arruinó la vida a Domingo. Mª Rosaria, novia de Daniel. Alex, hermano de Daniel. Virginia, la tercera hija de Domingo y Virginia. Emilio, el exmarido de Virginia, que se llevaba bien con los suegros. Laura, Jesús y Virginia, hijos de Virginia y Emilio. El penúltimo relato es el de Agustín, el 4º hijo de Domingo y Virginia, su relato arranca con una frase que me encantó: «Hay distintas formas de mirar el agua, depende de cada uno y de lo que busque». Y el último relato es de un automovilista que contempla la estampa familiar mientras va conduciendo.































